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ARCHIVO (f1)


“Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios”

por Jose María Escrivá (f2)

1934-03-09


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FUENTE:  http://www.opuslibros.org/PDF/instruccion_1934.PDF





Jose María Escrivá

INSTRUCCION ACERCA DEL ESPIRITU SOBRENATURAL DE LA OBRA DE DIOS

19- III - 1934


[Notas de Alvaro del Portillo (1967)] (f3)


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y de Santa María

Meus cibus est ut faciam voluntatem eius... Mi alimento es hacer su Voluntad.
(Ioann. IV, 34)


[Numeración de las notas: Los números entre corchetes son la numeración más antigua. Los números entre paréntesis y prefijados con la letra 'n' son la numeración más nueva.] (f4)

1  Carísimos: (n1) En mis conversaciones con vosotros repetidas veces he puesto de manifiesto que la empresa, que estamos llevando a cabo, no es una empresa humana, sino una gran empresa sobrenatural, que comenzó cumpliéndose [8] en ella a la letra cuanto se necesita para que se la pueda llamar sin jactancia la Obra de Dios; (n2) de la que formamos parte por elección divina —ego elegi vos (Ioann. XV, 16)—, con el fin de que seamos en el mundo imitadores de Jesucristo Señor Nuestro, sic [9] ut filii carissimi, como hijos queridísimos (Ephes. V, 1). (n3)

[10] Tiene por base piedras desechadas por los que edificaron (Act. IV, 11). No encontraréis aquí altos jerarcas de la Iglesia, ni hombres de prestigio nacional. (n4) Su labor apenas se ve sobre la tierra: está debajo, crece hacia dentro. ¡Ya llegará la hora de subir! (n5).

3  [11] Así comenzó todo lo grande: ¿quién era Francisco? ¿Los que convivieron con Ignacio en Alcalá hubieran creído en el impulso y desarrollo de su Compañía? (n6).

4  [12] Volved los ojos al Santo Evangelio: a los apóstoles del Señor, inútiles, egoístas e ignorantes, ni vosotros ni yo los hubiéramos escogido para ese oficio. (n7)

5  Ahora pasa lo mismo, y a nosotros hablaba San Pablo, cuando decía: ved, hermanos, vuestra vocación, porque no sois sabios según la carne: no muchos poderosos, no muchos nobles: sino que lo necio del mundo elige Dios, para confundir a los sabios: y lo enfermo del mundo elige Dios, para confundir a los fuertes: y lo innoble del mundo y lo despreciable elige Dios, y aquellas cosas que no son, para destruir a lo que es (I Cor. 1, 26-28).

6  La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre, para resolver la situación lamentable de la Iglesia en España desde 1931. (n8)

7  Hace muchos años que el Señor la inspiraba a un [13] instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera el día de los Santos Angeles Custodios, dos de octubre de mil novecientos veintiocho. (n9)

8  Pero, como en tiempos de borrasca suelen nacer muchas organizaciones e institutos, que tienden a dedicarse a las distintas obras de celo que han de abandonar —ante la persecución— las órdenes y congregaciones religiosas, naturalmente España ahora no [14] es una excepción —tampoco lo fue durante el período revolucionario del siglo pasado— y vemos varios —y aun muchos— grupos de hombres y mujeres de buena voluntad decididos, con miras sobrenaturales, a dar la batalla a los enemigos de Cristo. (n10)

9  Vendrá la paz política y social: entonces la mayor parte de esas organizaciones, ante el apostolado de los religiosos libres para su misión, desaparecerá o languidecerá: han cumplido su fin. (n11)

10  [15] En cambio, alguna o algunas de esas organizaciones, por el entusiasmo de sus miembros o porque ya han impulsado su vida en esa dirección y cuesta rectificar, continuarán actuando, para acabar por formar una o varias congregaciones nuevas, que en nada se diferenciarán —o en muy poco— de otras ya existentes. (n12)

11
  Supongamos que, entre las organizaciones de que estoy hablando, hubiera una que se pareciese exteriormente a la Obra que Dios nos pide. (n13)

12  [16] Aquí vienen como anillo al dedo dos textos del Santo Evangelio: porque esa organización, en algo [17] semejante a la Obra de Dios, o es de El —y entonces oíd de qué manera contesta Jesús a estas palabras de San Juan: Maestro, hemos visto a uno, echando los demonios en tu nombre, que no nos sigue, y se lo hemos prohibido. — No queráis prohibírselo: porque nadie hay que haga milagros en mi nombre y pueda hablar mal de mí. El que no está contra vosotros, por vosotros está (Marc. IX, 37-39)— o es de El, decía, o no es de El, y en este caso el Espíritu Santo nos dice claramente por San Mateo (XV, 13-14): toda plantación que no plantó mi Padre celestial será arrancada. Dejadlos: ciegos son y lazarillos de ciegos: y si un ciego guía a otro ciego, los dos caen en la fosa.

13  De todos modos, que sigan su camino: nosotros, a seguir el nuestro. (n14)

14  [18] Conviene, sin embargo, hacer notar que no somos una organización circunstancial: hemos de ser realmente como un instituto religioso —con todas sus consecuencias—, que ha de durar hasta el fin.15

15  [19] Ni venimos a llenar una necesidad particular de un país o de un tiempo determinados, porque quiere Jesús su Obra desde el primer momento con entraña universal, católica. (n16)

16  [20] Y ésta sí que es otra señal clara que nos diferencia de esos grupos y organizaciones que, llevando sin duda fines muy sobrenaturales, tienen un ideal limitado, con limitación geográfica, viniendo a resolver un conflicto espiritual de una determinada nación; con limitación social, dirigiendo su apostolado a una clase en particular; o con limitación del horizonte de su celo, tratando de remediar una necesidad concreta. (n17)

17  Indudablemente muchas de esas organizaciones que han nacido ahora, como reacción natural de las almas nobles y cristianas ante la labor anticatólica de la revolución española (n18) —y aun otras organizaciones más antiguas, españolas y extranjeras—, a pesar de su fin sobrenatural, son empresas meramente humanas, y, reconociendo el bien y la oportunidad de los apostolados que hacen, no puede negarse [21] (lo he vivido) que su mismo excesivo número —y la forma exterior que adoptan, muy semejante a la nuestra— contribuye a desorientar a muchas almas apostólicas, (n19) inquietando a los mismos directores de esas almas, que no aciertan a distinguir entre lo que hay que hacer, porque lo pide Dios, y lo que se hace, repito que con fin sobrenatural, porque las circunstancias políticas lo exigen. (n20)

18  Así se explica que nos hayan llegado a insinuar por tres veces, con tres organizaciones distintas, la unión, decían.

19  La respuesta no pudo ser más que una: en el terreno [22] del apostolado estaremos siempre unidos: al menos de nuestra parte no habrá dificultad, porque sólo vamos a hacer el apostolado de Cristo, nunca nuestro apostolado. (n21)

20  Pero la unión, la confusión diré mejor, que nos proponen, no es posible desde el momento en que nosotros no hacemos una obra humana, por ser nuestra empresa divina, y como consecuencia no está en nuestras manos ceder, cortar o variar nada de lo que al espíritu y organización de la Obra de Dios se refiera. (n22)

21  Además, humanamente hablando, enseña la experiencia que esa clase de uniones acaba de ordinario con detrimento de la caridad, rompiéndose violentamente [23]. Es la mezcla de varios líquidos buenos de suyo, que acaso dé otro líquido agradable, pero también puede resultar un veneno.

22  ¿Que esas asociaciones de apostolado, por las razones indicadas, quizá de alguna manera van a ocasionar un perjuicio, o serán un obstáculo para la Obra? (n23).

23  Mirad: no. Porque el Señor, al querer su Obra, contaba con esta dificultad; y porque nuestra vocación —que es vocación a la perfección cristiana en el mundo— es muy distinta de la de ellos. Por tanto, os digo que no tendréis el verdadero espíritu de la [24] Obra de Dios si, al encontrar en vuestro camino alguna de aquellas hermosas asociaciones, no las alabáis como merecen. (n24)

24  Y, aun cuando lo creo innecesario —porque os conozco—, en absoluto prohíbo que se diga mal directa o indirectamente de quienes, al no estar contra nosotros, porque sirven a Cristo, con nosotros están. (n25)

25  [25] Nunca seremos ningún organismo de la Acción Católica, y menos de la Acción Católica de una nación determinada, aunque necesariamente con el tiempo habremos de influir —y no poco— en la Acción Católica de cada país. (n26)

26  Antes de que nuestro Santo Padre el Papa Pío XI hablara —con gran consuelo de mi alma— del apostolado seglar, levantando con su voz como un soplo del Espíritu Santo oleadas de fervores, que han traído [26] al mundo tantas y tan magníficas obras de celo, Jesús había inspirado su Obra. (n27)

27  Por consiguiente, no olvidéis, hijos míos, que no somos almas que se unen a otras almas, para hacer una cosa buena. Esto es mucho... pero es poco. Somos apóstoles que cumplimos un mandato imperativo de Cristo. (n28)

28  Y nuestro Señor no quiere una personalidad efímera para su Obra: nos pide una personalidad inmortal, porque quiere que en ella —en la Obra— [27] haya un grupo clavado en la Cruz:29 la Santa Cruz nos hará perdurables, siempre con el mismo espíritu del Evangelio, que traerá el apostolado de acción como fruto sabroso de la oración y del sacrificio. (n30)

29  [28] De este modo se vuelve a vivir, por la Obra de Dios y por cada uno de sus miembros, aquel secreto divino que enseñaba San Pablo a los de Filipo (II, 5-11), camino segurísimo de la inmortalidad y de la gloria: por la humillación, hasta la Cruz: desde la Cruz, con Cristo, a la gloria inmortal del Padre. (n31)

30  El espíritu de la Obra de Dios, tanto en su entraña como en su actuación, se acomoda absolutamente [29] y sin reservas a la doctrina del Salvador y al sentir de nuestra Madre la Iglesia. (n32)

31  Cristo. María. El Papa. ¿No acabamos de indicar, en tres palabras, los amores que compendian toda la fe católica? (n33).

32  Oración. Expiación. Acción. ¿Acaso ha tenido, ni puede tener jamás, otro modo de ser el verdadero apostolado cristiano? (n34).

33  Unir el trabajo profesional con la lucha ascética y con la contemplación —cosa que puede parecer [30] imposible, pero que es necesaria, para contribuir a reconciliar el mundo con Dios—, y convertir ese trabajo ordinario en instrumento de santificación personal y de apostolado. ¿No es éste un ideal noble y grande, por el que vale la pena dar la vida? (n35).

34  Adhesión sincera y generosa a los Obispos en comunión con la Santa Sede, a quienes puso el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios (Act. XX, 28). (n36)

35  [31] En las líneas anteriores van expuestos por completo nuestros ideales. Consecuencias necesarias de estos ideales son los fines, que lleva a la práctica la Obra.

36  Hemos de dar a Dios toda la gloria. El lo quiere: gloriam meam alteri non dabo, mi gloria no la daré a otro (Isai. XLII, 8). Y por eso queremos nosotros que Cristo reine, ya que per ipsum, et cum ipso, et in ipso, est tibi Deo Patri Omnipotenti in unitate Spiritus Sancti omnis honor et gloria; por El, y con El, y en El, es para ti Dios Padre Omnipotente en unidad del Espíritu Santo todo honor y gloria (Canon de la Misa). (n37)

37  Y exigencia de su gloria y de su reinado es que todos, con Pedro, vayan a Jesús por María. (n38)

38  [32] Hijos míos: Fe.
Yo os aseguro que cualquiera que dijere a este monte: quítate, y échate en el mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que se hará cuanto dijere, todo le será hecho. Por tanto, os digo que todas las cosas que pidiereis orando, creed que las recibiréis, y os vendrán (Marc. XI, 23 y 24).

39  La Fe es virtud fundamental: fides tua te salvum fecit, tu fe te ha hecho salvo (Luc. XVII, 19). Con la Fe y el Amor, somos capaces de chiflar a Dios, que se vuelve otra vez loco —ya fue loco en la Cruz, y es loco cada día en la Hostia—, mimándonos como un Padre a su hijo primogénito.

40  Son palabras del Papa Pío XI: el Señor, de los males saca bienes; y de los grandes males, grandes bienes. (n39)

41  [33] De este cataclismo mundial, sólo comparable al que Lutero produjo, ha querido el Señor sacar la Obra que desde hace años inspiraba. (n40)

42  La enfermedad es extraordinaria, y extraordinaria es también la medicina. Somos una inyección intravenosa, puesta en el torrente circulatorio de la sociedad, para que vayáis — hombres y mujeres de Dios— con la sal y la luz de los seguidores de los consejos evangélicos, a inmunizar de corrupción a todos los mortales y a iluminar con luces de Cristo todas las inteligencias. (n41)

43  [34] Siempre Jesús hizo que los suyos se acomodaran a los tiempos: (n42) universal fue, en los primeros religiosos cristianos, el retiro del desierto o del monasterio.

44  Francisco hace universal el tipo de fraile corretón, andando camino adelante para predicar a Cristo. Domingo ilumina, con sus hijos, las universidades de Europa. Más tarde los teatinos, los barnabitas, los jesuitas y los somascos, sin coro y con [35] vestidos de clérigos seculares sus miembros, trabajan por las almas con nuevas labores de apostolado. (n43)

45  Ahora, mediante un impulso divino y universal también, está surgiendo una milicia, vieja como el Evangelio y como el Evangelio nueva, que tiene soldados sin hábito exterior ninguno, que a veces serán monjes, y a veces frailes corretones que andarán todos los caminos de la vida. Hombres y mujeres que, en su propio estado y profesión, intelectual o no, serán a veces sabios y siempre doctos, bien preparados; y harán con la ciencia, con el trabajo profesional y con el ejemplo de una vida coherentemente cristiana, la apología más fervorosa de la Fe. (n44)

46  [36] Voy a terminar, pero antes querría grabar a fuego en vuestras almas estas tres consideraciones: (n45)

47  [37] 1) La Obra de Dios viene a cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el cielo está empeñado en que se realice.

48  2) Cuando Dios Nuestro Señor proyecta alguna obra en favor de los hombres, piensa primeramente en las personas que ha de utilizar como instrumentos... y les comunica las gracias convenientes. (n46)

49  3) Esa convicción sobrenatural de la divinidad de la empresa acabará por daros un entusiasmo y amor tan intenso por la Obra, que os sentiréis dichosísimos sacrificándoos para que se realice. (n47)

Gaudium cum pace, emendationem vitae, spatium [38] verae poenitentiae, gratiam et consolationem Sancti Spiritus, atque in Opere Dei perseverantiam, tribuat vobis omnipotens et misericors Dominus.

Mariano (n48)

Madrid - Fiesta de San José, nuestro Padre y Señor - 1934.



NOTAS DE ÁLVARO DEL PORTILLO (1967)

[En esta copia: solo una selección de las notas] (f4)

(n2) [8] Si hubiera sido posible, no quería el Padre que la Obra se llamara de ninguna manera. Sin nombre, con humildad colectiva hasta en esto. Pero, en medio de la vida social de la Iglesia y de las naciones, no era posible: y entonces pensó que convendría denominarla de modo que no fuera fácil sacar un apelativo común para los socios, que seguían y necesariamente habrían de seguir en el mundo con sus nombres de familia, con su profesión y las otras circunstancias personales, sin añadidura de siglas ni calificativos, que son propios de los religiosos, pero que no convenían en absoluto a los miembros del Opus Dei, por la sencilla razón de que los sacerdotes seculares y los laicos corrientes —que eso son los socios de la Obra: ni son religiosos, ni viven ni actúan como los religiosos; los veneran, pero siguen su vocación totalmente diferente— no usan siglas para diferenciarse de los demás.

El Padre no quería que sus hijos se singularizaran ni distinguieran sino por el bonus odor Christi de su dedicación íntima a Dios, que pertenece al terreno de sus conciencias. Por eso nuestro Padre prohibió —desde 1928— el uso de siglas; y si alguno ajeno a nuestra Familia, dirigiéndose a un miembro de la Obra, las ha empleado, siempre se ha hecho la oportuna protesta de palabra o por escrito, diciendo que ni queremos ni podemos usar siglas o apelativos.

La oposición a emplear siglas tiene otra razón: que cada uno de los socios del Opus Dei actúa con libertad y con personal responsabilidad, y además con la condición precisa de no representar nunca, en su trabajo, a la Asociación. La Asociación responde tan sólo de la vida cristiana de sus socios, y de las obras corporativas que se hacen siempre en nombre de la Obra.

Después no se ocupó más de ese asunto, del nombre de la Obra, y así, llamándola sencillamente la Obra, llegó el 1930. En este año, alguien preguntó al Padre: ¿Cómo va esa Obra de Dios? Fue una llamarada de claridad: puesto que debería llevar uno, ése era el nombre: Obra de Dios, Opus Dei, operatio Dei, trabajo de Dios; trabajo profesional, ordinario, hecho por personas que se saben instrumentos de Dios; trabajo realizado sin abandonar los afanes del mundo, pero convertido en oración y en alabanza del Señor —Opus Dei— en todas las encrucijadas de los caminos de los hombres.

(n8) En mayo de 1931 comenzó en España la persecución oficial contra la Iglesia, que había de culminar durante la dominación comunista —de 1936 a 1939—, en la que fueron martirizados trece obispos, más de seis mil sacerdotes y religiosos e innumerables fieles. Y la Obra nació en 1928, con entraña universal, católica, para todo el mundo y para todas las personas, cristianas o no

(n10) [14] Cuando el Padre escribió esta Instrucción, en el año 1934, atravesaba España momentos muy duros para la Iglesia, que habían comenzado en 1931, y que desembocarían más tarde, en el 1936, en la guerra civil. Como consecuencia, empezaron a pulular grupos y grupitos de gentes que, llenas de buena voluntad, trataban de hacer lo que podían en servicio de la Iglesia.

El Padre, en este documento, se dirige a sus hijos y a sus hijas para poner bien de manifiesto la diferencia de la Obra no sólo respecto a las congregaciones religiosas —no había nacido el Opus Dei para sustituirlas, mientras estuvieron perseguidas: Dios había promovido la Obra el año 1928, en épocas de tranquilidad para la Iglesia, y con características y espíritu totalmente diversos a los de los religiosos—, sino también respecto a esos grupos de católicos decididos a dar la batalla a los enemigos de Cristo, mientras durara la persecución a la Iglesia.

Este es el fin de la Instrucción: no el de describir con detalle el espíritu del Opus Dei, sino el de afirmar su espíritu sobrenatural. Es decir, que la Obra no es solamente una empresa buena, pero meramente humana (cfr. n. 17), sino una labor divina, querida imperativamente por Dios (nn. 1, 7, 15, 17, 20, 23, 27, 28, 41, 45, 47-49); que es diferente tanto de las comunes asociaciones de fieles (nn. 16, 20, 25, 27) como de las congregaciones religiosas (nn. 9, 10; 14 con nota 15; 42 con nota 41; 45 con nota 44). Y, como la Obra es empresa que pide Dios, el Padre confirma en la fe a sus hijos (nn. 46-49).

(n11) Es patente el pensamiento del Padre: la Obra no la ha querido Dios para suplir a los religiosos en su apostolado (n. 9), ni para que terminara siendo una nueva congregación de Dios religiosa (cfr. n. 10). Tanto el espíritu del Opus Dei [15]santificación en y a través del trabajo ordinario, profesional—, como su modo de ejercer el apostolado, por medio de la amistad, de la confidencia, del ejemplo, con los colegas de profesión o de oficio, tomando como instrumento y como ocasión precisamente el trabajo ordinario —y todo esto hecho por gentes de la calle que no sólo no se separan del mundo, sino que deben convertirse en inyección intravenosa, puesta en el torrente circulatorio de la sociedad (n. 42)—, nos diferencian radicalmente de las congregaciones religiosas. Son espíritu y modo nuevos, respecto a los de los religiosos: y, al mismo tiempo, viejos como el Evangelio y como el Evangelio nuevos (cfr. n. 45).

(n12) De este modo se ha dado lugar al nacimiento de muchas congregaciones religiosas, a lo largo de la historia: para sustituir a las órdenes o a las congregaciones, en tiempo de persecución, se creaban asociaciones, de sacerdotes o de laicos, sin hábito especial. Cuando la persecución cesaba, esas asociaciones pasaban a ser congregaciones religiosas, con votos públicos. Las palabras del Padre, en este pasaje, escrito precisamente cuando arreciaba la persecución religiosa en España, ponen de manifiesto que no era ése el caso del Opus Dei: no se trataba de crear una institución nueva, que con el tiempo llegara a convertirse en una congregación, más o menos parecida a otras ya existentes. La Obra era, desde su fundación en 1928, un fenómeno diferente.

(n15) Se ha explicado en la nota 10 que el Padre, en esta Instrucción, ha querido dejar patente que la Obra no es suya, sino de Dios, y que se diferencia tanto de las comunes asociaciones de fieles como de las congregaciones religiosas. En este pasaje no dice nuestro Fundador que hemos de ser un instituto religioso: intercala el adverbio como, y añade con todas sus consecuencias, precisamente para que quede bien claro que no hemos de ser un instituto religioso —como no significa igual a—, sino una institución que requiere una entrega, una dedicación total: éste es el significado de las palabras: con todas sus consecuencias.

No era posible entonces —era el año 1934— que el Padre explicara de otro modo las cosas: faltaban los términos canónicos precisos que luego tan activa y eficazmente contribuirá a encontrar; y que ha seguido buscando sin descanso, porque no han faltado ni faltan quienes, por ignorancia o por imprudencia, vaciaran y vacían de contenido los términos empleados por el Padre, para aplicarlos impropiamente. Es una lucha titánica, en éste y en otros muchos aspectos, la mantenida por el Padre para defender la naturaleza del fenómeno jurídico, teológico y ascético de la Obra. Por aquellos primeros años, no faltaron personas que decían, admiradas, al Padre: pero ¿quiere Vd. crear un estado canónico nuevo? La respuesta del Padre era siempre que no, porque lo que quería era que cada uno se santificara en medio del mundo y en su propio estado, sin la locura de cambiar de ambiente (Instrucción, 1-IV-934, n. 23, escrita un mes después de ésta que comentamos; y en el n. 3 del mismo documento [19] decía: sólo así —siendo almas de oración— vibraréis con la vibración que el espíritu de la Obra exige, haciendo que se repita muchas veces, por quienes os tratan en el ejercicio de vuestras profesiones y en vuestra actuación social, aquel comentario de Cleofás y de su compañero en Emaús: Nonne cor nostrum ardens erat in nobis, dum loqueretur in via?).

En un papel antiguo del Padre he leído que si estado es stabilis vivendi modus, buscar la perfección cristiana siguiendo unas normas determinadas, y de modo estable, es estado de perfección: pero quería que esa situación permaneciera en el fuero interno. En los años 1946 y 1947, se ultimó el estudio, ya anteriormente iniciado, que llevó a la redacción y promulgación de la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia, con un nuevo estado secular o jurídico de perfección, diferente del de los religiosos, y se nos concedió la aprobación que el Padre aceptó, porque urgía tener un reconocimiento de la Santa Sede. Pero al Padre no le interesaba el reconocimiento jurídico del peculiar estado de perfección, sino la busca de la perfección cristiana: así como no le interesaban los votos, sino las virtudes. Y como después de varado aquel barco de la Provida Mater Ecclesia han sido aprobados, con el título de Institutos Seculares, instituciones que en nada se diferencian de las congregaciones religiosas, o de las comunes asociaciones de fieles, ha aclarado en otro lugar los modos de decir que hemos de emplear, al hablar de nuestra entrega a Dios en la Obra.

(n17) Desarrolla aquí el Padre lo que ha escrito en el número anterior de esta Instrucción, sobre el espíritu universal, católico: lo es desde el punto de vista geográfico, porque la Obra no es para una nación determinada, sino para todas; lo es también en el aspecto social, puesto que la Obra se dirige a todas las clases de la sociedad, sin clasismos ni discriminación alguna; y lo es finalmente en el campo del apostolado, ya que el celo no se ve limitado por la visión de dar remedio a necesidades concretas. Todos los quehaceres apostólicos, en cualquier parte del mundo, y en cualquier actividad humana, son el objetivo del afán de almas, que mueve a los miembros de la Obra: el apostolado de la Obra es como un mar sin orillas, dice con frecuencia el Padre.

(n19) [21] La forma exterior que adoptan: se trataba de asociaciones de mentalidad religiosa, y creadas para sustituir a los religiosos, o para ser su longa manus. Los miembros de tales organizaciones, precisamente por las circunstancias en las que éstas habían nacido, no llevaban hábito, aunque tuvieran espíritu religioso, e incluso aspiraran a ser verdaderos religiosos, cuando llegara el momento oportuno. Otras organizaciones eran simples asociaciones de fieles. En todo caso, nada tenían que ver con el espíritu ni con el modo secular, ni con la dedicación al Señor de los miembros de la Obra: pero sembraban confusión.

(n26) [25] [...] Pero no podemos ser un organismo de Acción Católica, porque nuestra entrega supone una vocación divina, una dedicación permanente de toda la vida a la santificación y al apostolado, y requiere una formación específica, que no se deja nunca de recibir.

Y porque el modo de nuestra acción apostólica es también diferente: no se trata de llevar a cabo, solamente, precisas consignas de labor eclesiástica de los Revmos. Ordinarios — lo hacemos gustosamente, siempre que sean compatibles con nuestra vocación, y nos sea posible atender esos deseos—, sino de santificarse con el trabajo profesional, convirtiéndolo en medio y en ocasión de buscar la perfección cristiana en el mundo, y de hacer apostolado (cfr. n. 33 de esta Instrucción).

(n29) [27] Ved, ya entonces, delineadas las diversas condiciones de miembros: algunos, que han de prescindir de todo, por amor de Dios, son los que en lo humano dan la continuidad a la Obra, los que hacen que con la gracia divina sea perdurable. — Un grupo clavado en la Cruz, escribe el Padre: [...]

(n30) Sin descender a detalles sobre nuestra espiritualidad específica, porque no es ése el propósito del Padre en esta Instrucción —como se ha comentado en la nota 10—, nos da en cuatro palabras el programa ascético, que es la razón [28] de toda nuestra eficacia. [...]

(n32) [29] Así nos lo ha enseñado el Padre, desde el primer momento: La Obra no viene a innovar nada, ni mucho menos a reformar nada de la Iglesia: acepta con fidelidad cuanto la Iglesia señala como cierto, en la fe y en la moral de Jesucristo. No queremos librarnos de las trabas —santas— de la disciplina común de los cristianos. Queremos, por el contrario, ser con la gracia del Señor —que El me perdone esta aparente falta de humildad— los mejores hijos de la Iglesia y del Papa (Carta, 9-I-1932, n. 1).

(n35) [30] [...] Antes, poniendo el dedo en la llaga, había escrito que era menester no salirse de su sitio, para trabajar por Dios, para hacerse santo: ¡Qué afán hay en el mundo por salirse de su sitio! ¿Qué pasaría, si cada hueso, cada músculo del cuerpo humano quisiera ocupar puesto distinto del que le pertenece? No es otra la razón del malestar del mundo. Persevera en tu lugar, hijo mío: desde ahí ¡cuánto podrás trabajar por el reinado efectivo de Nuestro Señor! (Consideraciones espirituales, p. 78).

La unión, la armonía entre el trabajo ordinario, la oración y la contemplación —habéis de ser almas contemplativas en medio de los quehaceres del mundo, dice el Padre—, y la consecuencia de esa unión armónica, que es el apostolado, han sido especialmente recogidas y alabadas en el Decreto de aprobación de la Obra (16 de junio de 1950), en el que la Santa Sede elogia nuestra unidad de vida. — El Padre suele decir que él ya no distingue entre la oración y el trabajo: todo es contemplación y apostolado.

(n39) [...] El Palacio episcopal era el de Madrid, donde estábamos constantemente, porque el Obispo, D. Leopoldo Eijo, nos llamaba para hablar, en larguísimas y afectuosas conversaciones, sobre la Opus Dei. Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios Obra y mil cosas más. [...]

(n41) En dos pinceladas, un cuadro vivo del trabajo cristiano de los hijos de Dios, metidos en todas las clases sociales, sin discriminación alguna (cfr. n. 16), y en todas las actividades humanas. Y siempre —nos decía ya desde entonces el Padre— en la calle: ¡somos gente de la calle!

En aquella época, no había forma gráfica mejor para hacerse entender (cfr. n. 45 de esta Instrucción: era necesario hablar de consejos evangélicos, pero no habla en absoluto de votos, porque lo que exigía eran las virtudes: cfr. Camino, passim). Y a todos nos quedaba bien claro que seguir los consejos evangélicos no era ser frailes. Lo que el Padre pide aquí es que imitemos a [34] Jesucristo, con todas nuestras fuerzas, cada uno dentro de su propio estado personal y profesión, y con una dedicación peculiar.

(n43) [35] No señaló aquí el Padre el proceso de la vida religiosa posterior a los clérigos regulares —congregaciones y sociedades de vida común— porque, para su discurso, no era necesario, ni oportuno. Antes (cfr. nota 10) ha hecho ver el Padre que la Obra se distingue de las comunes asociaciones de fieles, y de las congregaciones religiosas. El Opus Dei es una institución diferente de las que forman el estado religioso: las órdenes, las congregaciones, etc. No es una acomodación del estado religioso a los tiempos, sino un volver a los primeros tiempos del cristianismo. Esta es la razón por la que el Padre no ha sido más explícito, al hablar de la vida religiosa: para que no pareciese que nosotros éramos como un nuevo eslabón —dice— de la misma cadena. Sin embargo, a veces habla y aun escribe sobre los eslabones, cuando piensa que no le pueden entender de otra manera. Pero ahora lo único que interesaba al Padre era poner en relieve cómo Dios hace que los suyos se acomoden a los tiempos.

(n48) [38] Aquí el Padre firmó Josemaría. Hasta el año 1936, cuando hubo de esconderse — ante la persecución comunista— no se firmó nunca Mariano, como lo viene haciendo desde entonces en todos los documentos internos. Escogió este nombre, que es uno de los que le impusieron en el bautismo, por devoción a la Santísima Virgen: y ha querido el Padre que, en las ediciones impresas de sus documentos, utilizáramos siempre el nombre de Mariano, como hacemos ya en esta edición.



FUENTE Y NOTAS
(f1) Fuente:
http://www.opuslibros.org/PDF/instruccion_1934.PDF
Página visitada en 2019-07-18. Adaptación de PDF a HTML en 2025-07-04. Texto completo de la instrucción, pero solo con una selección de las notas Álvaro del Portillo. Itálica como en el original. Títulos como en el original excepto el nombre del autor (ver nota f2).
(f2) En original (PDF) encontramos que aparece el nombre del autor como "Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás", pero él no firmaba así en 1934. Lo hemos cambiado por "Jose María Escrivá", igual que lo encontramos en otra instrucción de 1934 (sobre proselitismo).
(f3) En esta adaptación de PDF a HTML solo hemos incluido una selección de las notas de Álvaro del Portillo, y del resto hemos dejado los números.
Hemos encontrado dos numeraciones diferentes. Los números entre corchetes parecen ser la numeración más antigua (empezando en 7). Los números entre paréntesis (que hemos prefijado con una 'n', como en 'n1') empiezan desde 1 y parecen ser más nuevos, porque en el PDF estaban funcionando como hiperenlaces internos que llevaban a la correspondiente nota al pie.
(f4) Los comentarios entre corchetes en color rojo no son del PDF originial, han sido añadidos en esta adaptación de PDF a HTML. Los destacados con fondo de color (p.ej. azul y amarillo) no son del original.



Normas y cartas sobre la figura de Prelatura Personal y el Opus Dei

Constitución Apostólica “Ut Sit” de 1982

Estatutos de 1982 la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei

Constituciones de 1950 del Opus Dei

Código de Derecho Canónico, 2.1.4. De las Prelaturas Personales (Art. 294-297)

Sobre las Prelaturas Personales, por Giancarlo Ghirlanda

Carta de 1979 de Álvaro del Portillo al cardenal Sebastiano Baggio – Transformación del Opus Dei en Prelatura Personal

Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios, por Jose María Escrivá

Instrucción sobre el modo de hacer proselitismo, por J.M. Escrivá



Documentos relacionados con la historia del Opus Dei de Balaguer

El Opus Dei – Apuntes y documentos para una historia, por Giancarlo Rocca

Historia del Opus Dei, por Carlos Albás, Cap. 4, Parte 1

Historia del Opus Dei, por Carlos Albás, Cap. 4, Parte 2



Testimonios sobre el Opus Dei y su fundador

María Angustias – Una Testigo del Verdadero Josemaría Escrivá

Testimonio de Miguel Fisac sobre el verdadero Josemaría Escrivá

Testimonio de Rosario Badules López – Escrivá y sus 'Virtudes Heroicas', ¿Cuáles?

Testimonios Sobre el Verdadero Josemaría Escrivá – Cózar-Castro y Carandell

Opus Dei – Integrismo a la Española – Por Begoña Piña

Un colectivo de sacerdotes se pronuncia sobre la Beatificación de Josemaría Escrivá

Profesores de Teología de Cataluña se pronuncian sobre la Beatificación de Josemaría Escrivá

El Opus Dei y Escrivá según María del Carmen Tapia – ex alto cargo del Opus Dei



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