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SAN JUAN

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SECCIONES:

- NOTA INTRODUCTORIA
- PRÓLOGO (Cap. 1 - 1:14)
- I. PREPARACIÓN PARA LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS (1:15 - Cap. 1)
- II. VIDA PÚBLICA DE JESÚS (Cap. 2 - Cap. 12)
- III. PLÁTICAS DE DESPEDIDA (Cap. 13 - Cap. 17)
- IV. PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS (Cap. 18 - Cap. 19)
- V. JESÚS VENCEDOR DE LA MUERTE (Cap. 20)
- APÉNDICE (Cap. 21)


NOTA INTRODUCTORIA

Por Msr. Dr. Juan Straubinger

San Juan, natural de Betsaida de Galilea, fue hermano de Santiago el Mayor, hijos ambos de Zebedeo, y de Salomé, hermana de la Virgen Santísima. Siendo primeramente discípulo de San Juan Bautista y buscando con todo corazón el reino de Dios, siguió después a Jesús, y llegó a ser pronto su discípulo predilecto. Desde la Cruz, el Señor le confió su Santísima Madre, de la cual Juan, en
adelante, cuidó como de la propia.

Juan era aquel discípulo “al cual Jesús amaba” y que en la última Cena estaba “recostado sobre el pecho de Jesús” (Jn. 13:23), como amigo de su corazón y testigo íntimo de su amor y de sus penas.

Después de la Resurrección se quedó Juan en Jerusalén como una de las “columnas de la Iglesia” (Ga. 2, 9), y más tarde se trasladó a Éfeso del Asia Menor. Desterrado por el emperador Domiciano (81-95) a la isla de Patmos, escribió allí el Apocalipsis. A la muerte del tirano pudo regresar a Éfeso, ignorándose la fecha y todo detalle de su muerte (cf. Jn. 21:23 y nota).

Además del Apocalipsis y, tres Epístolas, compuso a fines del primer siglo, es decir, unos 30 años después de los Sinópticos y de la caída del Templo, este Evangelio, que tiene por objeto robustecer la fe en la mesianidad y divinidad de Jesucristo, a la par que sirve para completar los Evangelios anteriores, principalmente desde el punto de vista espiritual, pues ha sido llamado el Evangelista del amor.

Su lenguaje es de lo más alto que nos ha legado la Escritura Sagrada, como ya lo muestra el prólogo, que, por la sublimidad sobrenatural de su asunto, no tiene semejante en la literatura de la Humanidad.

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PRÓLOGO (Cap. 1 - 1:14)

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JUAN 1

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26  |  31  |  36  |  41  |  46  |  51

1 En el principio el Verbo era, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios. 2 Él era, en el principio, junto a Dios: 3 Por Él, todo fue hecho, y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho. 4 En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron. 6 Apareció un hombre, enviado de Dios, que se llamaba Juan. 7 Él vino como testigo, para dar testimonio acerca de la luz, a fin de que todos creyesen por Él. 8 Él no era la luz, sino para dar testimonio acerca de la luz. 9 La verdadera luz, la que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 Él estaba en el mundo; por Él, el mundo había sido hecho, y el mundo no lo conoció. 11 Él vino a lo suyo, y los suyos no lo recibieron. 12 Pero a todos los que lo recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios: a los que creen en su nombre. 13 Los cuales no han nacido de la sangre, ni del deseo de la carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 14 Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros –y nosotros vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre– lleno de gracia y de verdad.


I. PREPARACIÓN PARA LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS (1:15 - Cap. 1)

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TESTIMONIO DEL BAUTISTA. 15 Juan da testimonio de él, y clama: “De Éste dije yo: El que viene después de mí, se me ha adelantado porque Él existía antes que yo”. 16 Y de su plenitud hemos recibido todos, a saber, una gracia correspondiente a su gracia. 17 Porque la Ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad han venido por Jesucristo. 18 Nadie ha visto jamás a Dios; el Dios, Hijo único, que es en el seno del Padre, Ése le ha dado a conocer.

19 Y he aquí el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron a él, desde Jerusalén, sacerdotes y levitas para preguntarle: “¿Quién eres tú?”. 20 Él confesó y no negó; y confesó: “Yo no soy el Cristo”. 21 Le preguntaron: “¿Entonces qué?¿Eres tú Elías?” Dijo: “No lo soy”. “¿Eres el Profeta?” Respondió: “No”. 22 Le dijeron entonces: “¿Quién eres tú? para que demos una respuesta a los que nos han enviado. ¿Qué dices de ti mismo?” 23 Él dijo: “Yo soy la voz de uno que dama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”. 24 Había también enviados de entre los fariseos. 25 Ellos le preguntaron: “¿Por qué, pues, bautizas, si no eres ni el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?” 26 Juan les respondió: “Yo, por mi parte, bautizo con agua; pero en medio de vosotros está uno que vosotros no conocéis, 27 que viene después de mí, y al cual yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”. 28 Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

LOS PRIMEROS DISCÍPULOS DE JESÚS. 29 Al día siguiente vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: “He aquí el cordero de Dios, que lleva el pecado del mundo. 30 Éste es Aquel de quien yo dije: En pos de mí viene un varón que me ha tomado la delantera, porque Él existía antes que yo. 31 Yo no lo conocía, mas yo vine a bautizar en agua, para que Él sea manifestado a Israel”. 32 Y Juan dio testimonio, diciendo: “He visto al Espíritu descender como paloma del cielo, y se posó sobre Él. 33 Ahora bien, yo no lo conocía, pero Él que me envió a bautizar con agua, me había dicho: “Aquel sobre quien vieres descender el Espíritu y posarse sobre Él, Ése es el que bautiza en Espíritu Santo”. 34 Y bien: he visto, y testifico que Él es el Hijo de Dios”.

35 Al día siguiente, Juan estaba otra vez allí, como también dos de sus discípulos; 36 y fijando su mirada sobre Jesús que pasaba, dijo: “He aquí el Cordero de Dios”. 37 Los dos discípulos, oyéndolo hablar (así), siguieron a Jesús. 38 Jesús, volviéndose y viendo que lo seguían, les dijo: “¿Qué queréis?” Le dijeron: Rabí, –que se traduce: Maestro–, ¿dónde moras?” 39 Él les dijo: “Venid y veréis”. Fueron entonces y vieron dónde moraba, y se quedaron con Él ese día. Esto pasaba alrededor de la hora décima.

40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído (la palabra) de Juan y que habían seguido (a Jesús). 41 Él encontró primero a su hermano Simón y le dijo: “Hemos hallado al Mesías –que se traduce: “Cristo”. 42 Lo condujo a Jesús, y Jesús poniendo sus ojos en él, dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan: tú te llamarás Kefas –que se traduce: Pedro”. 43 Al día siguiente resolvió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: “Sígueme”. 44 Era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: “A Aquel de quien Moisés habló en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: es Jesús, hijo de José, de Nazaret”. 46 Natanael le replicó: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?” Felipe le dijo: “Ven y ve”. 47 Jesús vio a Natanael que se le acercaba, y dijo de él: “He aquí, en verdad, un israelita sin doblez”. 48 Díjole Natanael: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamase, cuando estabas bajo la higuera te vi”. 49 Natanael le dijo: “Rabí, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel”. 50 Jesús le respondió: “Porque te dije que te vi debajo de la higuera, crees. Verás todavía más”. 51 Y le dijo: “En verdad, en verdad os digo: Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre”.

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II. VIDA PÚBLICA DE JESÚS (Cap. 2 - Cap. 12)

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JUAN 2

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21

LAS BODAS DE CANÁ. 1 Al tercer día hubo unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. 2 Jesús también fue invitado a estas bodas, como asimismo sus discípulos. 3Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. 4 Jesús le dijo: “¿Qué (nos va en esto) a Mí y a ti, mujer? Mi hora no ha venido todavía”. 5 Su madre dijo a los sirvientes: “Cualquier cosa que Él os diga, hacedla”. 6 Había allí seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, que contenían cada una dos o tres metretas. 7 Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”; y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dijo: “Ahora sacad y llevad al maestresala”; y le llevaron. 9 Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, cuya procedencia ignoraba –aunque la conocían los sirvientes que habían sacado el agua–, llamó al novio 10 y le dijo: “Todo el mundo sirve primero el buen vino, y después, cuando han bebido bien, el menos bueno; pero tú has conservado el buen vino hasta este momento”. 11 Tal fue el comienzo que dio Jesús a sus milagros, en Caná de Galilea; y manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en Él.

DEFENSA DEL TEMPLO. 12 Después de esto descendió a Cafarnaúm con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí no muchos días. 13 La Pascua de los judíos estaba próxima, y Jesús subió a Jerusalén. 14 En el Templo encontró a los mercaderes de bueyes, de ovejas y de palomas, y a los cambistas sentados (a sus mesas). 15 Y haciendo un azote de cuerdas, arrojó del Templo a todos, con las ovejas y los bueyes; desparramó las monedas de los cambistas y volcó sus mesas. 16 Y a los vendedores de palomas les dijo: “Quitad esto de aquí; no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”. 17 Y sus discípulos se acordaron de que está escrito: “El celo de tu Casa me devora”. 18 Entonces los judíos le dijeron: “¿Qué señal nos muestras, ya que haces estas cosas?”. 19 Jesús les respondió: “Destruid este Templo, y en tres días Yo lo volveré a levantar”. 20 Replicáronle los judíos: “Se han empleado cuarenta y seis años en edificar este Templo, ¿y Tú, en tres días lo volverás a levantar?” 21 Pero Él hablaba del Templo de su cuerpo. 22 Y cuando hubo resucitado de entre los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto, y creyeron a la Escritura y a la palabra que Jesús había dicho.

23 Mientras Él estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía. 24 Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque a todos los conocía, 25 y no necesitaba de informes acerca del hombre, conociendo por sí mismo lo que hay en el hombre.

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JUAN 3

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26  |  31

EL NUEVO NACIMIENTO POR LA FE. 1 Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo, principal entre los judíos. 2 Vino de noche a encontrarle y le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces, si Dios no está con él”. 3 Jesús le respondió: “En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace de lo alto, no puede ver el reino de Dios”. 4 Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Puede acaso entrar en el seno de su madre y nacer de nuevo?” 5 Jesús le respondió: “En verdad, en verdad, te digo, si uno no nace del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de los cielos. 6 Lo nacido de la carne, es carne; y lo nacido del espíritu, es espíritu. 7 No te admires de que te haya dicho: “Os es necesario nacer de lo alto”. 8 El viento sopla donde quiere; tú oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene, ni adónde va. Así acontece con todo aquel que ha nacido del espíritu”. 9 A lo cual Nicodemo le dijo: “¿Cómo puede hacerse esto?” 10 Jesús le respondió: “¿Tú eres el doctor de Israel, y no entiendes esto? 11 En verdad, en verdad, te digo: nosotros hablamos lo que sabemos, y atestiguamos lo que hemos visto, y vosotros no recibís nuestro testimonio. 12 Si cuando os digo las cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo creeréis si os digo las cosas del cielo? 13 Nadie ha subido al cielo, sino Aquel que descendió del cielo, el Hijo del hombre. 14 Y como Moisés, en el desierto, levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado. 15 Para que todo el que cree tenga en Él vida eterna”.

LA REVELACIÓN MÁXIMA. 16 Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo por Él sea salvo. 18 Quien cree en, Él, no es juzgado, mas quien no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. 19 Y éste es el juicio: que la luz ha venido al mundo, y los hombres han amado más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Porque todo el que obra mal, odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. 21 Al contrario, el que pone en práctica la verdad, viene a la luz, para que se vea que sus obras están hechas en Dios.

NUEVO TESTIMONIO DEL BAUTISTA. 22 Después de esto fue Jesús con sus discípulos al territorio de Judea y allí se quedó con ellos, y bautizaba. 23 Por su parte, Juan bautizaba en Ainón, junto a Salim, donde había muchas aguas, y se le presentaban las gentes y se hacían bautizar; 24 porque Juan no había sido todavía aprisionado. 25 Y algunos discípulos de Juan tuvieron una discusión con un judío a propósito de la purificación. 26 Y fueron a Juan, y le dijeron: “Rabí, Aquel que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, mira que también bautiza, y todo el mundo va a Él”. 27 Juan les respondió: “No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. 28 Vosotros mismos me sois testigos de que yo he dicho: «No soy yo el Mesías, sino que he sido enviado delante de Él». 29 El que tiene la esposa, es el esposo. El amigo del esposo, que está a su lado y le oye, experimenta una gran alegría con la voz del esposo. Esta alegría, que es la mía, está, pues, cumplida. 30 Es necesario que Él crezca y que yo disminuya. 31 El que viene de lo alto, está por encima de todos. Quien viene de la tierra, es terrenal y habla de lo terrenal. Aquel que viene del cielo está por encima de todos. 32 Lo que ha visto y oído, eso testifica, ¡y nadie admite su testimonio! 33 Pero el que acepta su testimonio ha reconocido auténticamente que Dios es veraz. 34 Aquel a quien Dios envió dice las palabras de Dios; porque Él no da con medida el Espíritu. 35 El Padre ama al Hijo y le ha entregado pleno poder. 36 Quien cree al Hijo tiene vida eterna; quien no quiere creer al Hijo no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él”.

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JUAN 4

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26  |  31  |  36  |  41  |  46  |  51

LA SAMARITANA. 1 Cuando el Señor supo que los fariseos estaban informados de que Jesús hacía más discípulos y bautizaba más que Juan – 2 aunque Jesús mismo no bautizaba, sino sus discípulos– 3 abandonó la Judea y se volvió a Galilea. 4 Debía, pues, pasar por Samaria. 5 Llegó a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la posesión que dio Jacob a su hijo José. 6 Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, pues, fatigado del viaje, se sentó así junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. 7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. 8 Entretanto, sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar víveres. 9 Entonces la samaritana le dijo: “¿Cómo Tú, judío, me pides de beber a mí que soy mujer samaritana?” Porque los judíos no tienen comunicación con los samaritanos. 10 Jesús le respondió y dijo: “Si tú conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice: «Dame de beber», quizá tú le hubieras pedido a Él, y Él te habría dado agua viva”. 11 Ella le dijo: “Señor, Tú no tienes con qué sacar, y el pozo es hondo; ¿de dónde entonces tienes esa agua viva? 12 Acaso eres Tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él mismo, y sus hijos y sus ganados?” 13 Respondióle Jesús: “Todos los que beben de esta agua, tendrán de nuevo sed; 14 mas quien beba el agua que Yo le daré, no tendrá sed nunca, sino que el agua que Yo le daré se hará en él fuente de agua surgente para vida eterna”. 15 Díjole la mujer: “Señor, dame esa agua, para que no tenga más sed, ni tenga más que venir a sacar agua”. 16 Él le dijo: “Ve a buscar a tu marido, y vuelve aquí”. 17 Replicóle la mujer y dijo: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Bien has dicho: «No tengo marido»; 18 porque cinco maridos has tenido, y el hombre que ahora tienes, no es tu marido; has dicho la verdad”. 19 Díjole la mujer: “Señor, veo que eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron sobre este monte; según vosotros, en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”. 21 Jesús le respondió: “Mujer, créeme a Mí, porque viene la hora, en que ni sobre este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros, adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero la hora viene, y ya ha llegado, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre desea que los que adoran sean tales. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y en verdad”. 25 Díjole la mujer: “Yo sé que el Mesías –es decir el Cristo– ha de venir. Cuando Él venga, nos instruirá en todo”. 26 Jesús le dijo: “Yo lo soy. Yo que te hablo”.

27 En este momento llegaron los discípulos, y quedaron admirados de que hablase con una mujer. Ninguno, sin embargo, le dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?” 28 Entonces la mujer, dejando su cántaro, se fue a la ciudad, y dijo a los hombres: 29 “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿no será éste el Cristo?” 30 Y salieron de la ciudad para ir a encontrarlo. 31 Entretanto los discípulos le rogaron: “Rabí, come”. 32 Pero Él les dijo: “Yo tengo un manjar para comer, que vosotros no conocéis”. 33 Y los discípulos se decían entre ellos: “¿Alguien le habrá traído de comer?” 34 Mas Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me envió y dar cumplimiento a su obra. 35 ¿No decís vosotros: Todavía cuatro meses, y viene la siega? Y bien, Yo os digo: Levantad vuestros ojos, y mirad los campos, que ya están blancos para la siega. 36 El que siega, recibe su recompensa y recoge la mies para la vida eterna, para que el que siembra se regocije al mismo tiempo que el que siega. 37 Pues en esto se verifica el proverbio: «Uno es el que siembra, otro el que siega». 38 Yo os he enviado a cosechar lo que vosotros no habéis labrado. Otros labraron, y vosotros habéis entrado en (posesión del fruto de) sus trabajos”. 39 Muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer que testificaba diciendo: “Él me ha dicho todo cuanto he hecho”. 40 Cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. 41 Y muchos más creyeron a causa de su palabra, 42 y decían a la mujer: “Ya no creemos a causa de tus palabras; nosotros mismos lo hemos oído, y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo”.

JESÚS EN GALILEA. 43 Pasados aquellos dos días, partió para Galilea. 44 Ahora bien, Jesús mismo atestiguó que ningún profeta es honrado en su patria. 45 Cuando llegó a Galilea, fue recibido por los galileos, que habían visto todas las grandes cosas hechas por Él en Jerusalén durante la fiesta; porque ellos también habían ido a la fiesta.

CURACIÓN DEL HIJO DEL CORTESANO. 46 Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. 47 Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir. 48 Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”. 49 Respondióle el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”. 50 Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha. 51 Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía. 52 Preguntóles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”. 53 Y el padre reconoció que ésta misma era la hora en que Jesús le había dicho: “Tu hijo vive”. Y creyó él, y toda su casa. 54 Este fue el segundo milagro que hizo Jesús vuelto de Judea a Galilea.

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JUAN 5

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26  |  31  |  36  |  41  |  46

EL PARALÍTICO DE LA PISCINA. 1 Después de esto llegó una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. 2 Hay en Jerusalén, junto a la (puerta) de las Ovejas una piscina llamada en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. 3 Allí estaban tendidos una cantidad de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, que aguardaban que el agua se agitase. [4 Porque un ángel bajaba de tiempo en tiempo y agitaba el agua; y el primero que entraba después del movimiento del agua, quedaba sano de su mal, cualquiera que este fuese]. 5 Y estaba allí un hombre, enfermo desde hacía treinta y ocho años. 6 Jesús, viéndolo tendido y sabiendo que estaba enfermo hacía mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres ser sanado?” 7 El enfermo le respondió: “Señor, yo no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua se agita; mientras yo voy, otro baja antes que yo”. 8 Díjole Jesús: “Levántate, toma tu camilla y anda”. 9 Al punto quedó sanado, tomó su camilla, y se puso a andar.

DISCUSIÓN SOBRE EL SÁBADO. Ahora bien, aquel día era sábado: 10 Dijeron, pues, los judíos al hombre curado: “Es sábado; no te es lícito llevar tu camilla”. 11 Él les respondió: “El que me sanó, me dijo: Toma tu camilla y anda”. 12 Le preguntaron: “¿Quién es el que te dijo: Toma tu camilla y anda?” 13 El hombre sanado no lo sabía, porque Jesús se había retirado a causa del gentío que había en aquel lugar. 14 Después de esto lo encontró Jesús en el Templo y le dijo: “Mira que ya estas sano; no peques más, para que no te suceda algo peor”. 15 Fuese el hombre y dijo a los judíos que el que lo había sanado era Jesús. 16 Por este motivo atacaban los judíos a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado. 17 Él les respondió: “Mi Padre continúa obrando, y Yo obro también”. 18 Con lo cual los judíos buscaban todavía más hacerlo morir, no solamente porque no observaba el sábado, sino porque llamaba a Dios su padre, igualándose de este modo a Dios.

JESÚS SE DECLARA HIJO DE DIOS. 19 Entonces Jesús respondió y les dijo: “En verdad, en verdad, os digo, el Hijo no puede por Sí mismo hacer nada, sino lo que ve hacer al Padre; pero lo que Éste hace, el Hijo lo hace igualmente. 20 Pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que Él hace; y le mostrará aún cosas más grandes que éstas, para asombro vuestro. 21 Como el Padre resucita a los muertos y les devuelve la vida, así también el Hijo devuelve la vida a quien quiere. 22 Y el Padre no juzga a nadie, sino que ha dado todo el juicio al Hijo, 23 a fin de que todos honren al Hijo como honran al Padre. Quien no honra al Hijo, no honra al Padre que lo ha enviado. 24 En verdad, en verdad, os digo: El que escucha mi palabra y cree a Aquel que me envió, tiene vida eterna y no viene a juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida. 25 En verdad, en verdad, os digo, vendrá el tiempo, y ya estamos en él, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y aquellos que la oyeren, revivirán. 26 Porque así como el Padre tiene la vida en Sí mismo, ha dado también al Hijo el tener la vida en Sí mismo. 27 Le ha dado también el poder de juzgar, porque es Hijo del hombre. 28 No os asombre esto, porque vendrá el tiempo en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y saldrán los que hayan hecho el bien, para resurrección de vida; y los que hayan hecho el mal, para resurrección de juicio. 30 Por Mí mismo Yo no puedo hacer nada. Juzgo según lo que oigo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 31 Si Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Pero otro es el que da testimonio de Mí, y sé que el testimonio que da acerca de Mí es verdadero. 33 Vosotros enviasteis legados a Juan, y él dio testimonio a la verdad. 34 Pero no es que de un hombre reciba Yo testimonio, sino que digo esto para vuestra salvación. 35 Él era antorcha que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis regocijaros un momento a su luz. 36 Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan, porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, y que precisamente Yo realizo, dan testimonio de Mí, que es el Padre quien me ha enviado. 37 El Padre que me envió, dio testimonio de Mí. Y vosotros ni habéis jamás oído su voz, ni visto su semblante, 38 ni tampoco tenéis su palabra morando en vosotros, puesto que no creéis a quien Él envió. 39 Escudriñad las Escrituras, ya que pensáis tener en ellas la vida eterna: son ellas las que dan testimonio de Mí, 40 ¡y vosotros no queréis venir a Mí para tener vida! 41 Gloria de los hombres no recibo, 42 sino que os conozco (y sé) que no tenéis en vosotros el amor de Dios. 43 Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, ¡a ése lo recibiréis! 44 ¿Cómo podéis vosotros creer, si admitís alabanza los unos de los otros, y la gloria que viene del único Dios no la buscáis? 45 No penséis que soy Yo quien os va a acusar delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quien habéis puesto vuestra esperanza. 46 Si creyeseis a Moisés, me creeríais también a Mí, pues de Mí escribió Él. 47 Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?”

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JUAN 6

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PRIMERA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES. 1 Después de esto, pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, o de Tiberíades. 2 Y le seguía un gran gentío, porque veían los milagros que hacía con los enfermos. 3 Entonces Jesús subió a la montaña y se sentó con sus discípulos. 4 Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. 5 Jesús, pues, levantando los ojos y viendo que venía hacia Él una gran multitud, dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para que éstos tengan qué comer?”. 6 Decía esto para ponerlo a prueba, pues Él, por su parte, bien sabía lo que iba a hacer. 7 Felipe le respondió: “Doscientos denarios de pan no les bastarían para que cada uno tuviera un poco”. 8 Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Pedro, le dijo: 9 “Hay aquí un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente?” 10 Mas Jesús dijo: “Haced que los hombres se sienten”. Había mucha hierba en aquel lugar. Se acomodaron, pues, los varones, en número como de cinco mil. 11 Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían. 12 Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: “Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda”. 13 Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes, que sobraron a los que habían comido. 14 Entonces aquellos hombres, a la vista del milagro que acababa de hacer, dijeron: “Éste es verdaderamente el profeta, el que ha de venir al mundo”. 15 Jesús sabiendo, pues, que vendrían a apoderarse de Él para hacerlo rey, se alejó de nuevo a la montaña, Él solo.

JESÚS ANDA SOBRE LAS AGUAS. 16 Cuando llegó la tarde, bajaron sus discípulos al mar. 17 Y subiendo a la barca, se fueron al otro lado del mar, hacia Cafarnaúm, porque ya se había hecho oscuro, y Jesús no había venido aún a ellos. 18 Mas se levantó un gran viento y el mar se puso agitado. 19 Y después de haber avanzado veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús, que caminaba sobre el mar aproximándose a la barca, y se asustaron. 20 Pero Él les dijo: “No tengáis miedo”. 21 Entonces se decidieron a recibirlo en la barca, y en seguida la barca llegó a la orilla, adonde querían ir. 22 Al día siguiente, la muchedumbre que permaneció al otro lado del mar, notó que había allí una sola barca, y que Jesús no había subido en ella con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían ido solos. 23 Mas llegaron barcas de Tiberíades junto al lugar donde habían comido el pan, después de haber el Señor dado gracias.

DISCURSO SOBRE EL PAN DE VIDA Y LA EUCARISTÍA. 24 Cuando, pues, la muchedumbre vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron en las barcas, y fueron a Cafarnaúm, buscando a Jesús. 25 Y al encontrarlo del otro lado del mar, le preguntaron: “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” 26 Jesús les respondió y dijo: “En verdad, en verdad, os digo, me buscáis, no porque visteis milagros, sino porque comisteis de los panes y os hartasteis. 27 Trabajad, no por el manjar que pasa, sino por el manjar que perdura para la vida eterna, y que os dará el Hijo del hombre, porque a Éste ha marcado con su sello el Padre, Dios”. 28 Ellos le dijeron: “¿Qué haremos, pues, para hacer las obras de Dios?” 29 Jesús, les respondió y dijo: “La obra de Dios es que creáis en Aquel a quien Él envió”. 30 Entonces le dijeron: “¿Qué milagro haces Tú, para que viéndolo creamos en Ti? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio de comer un pan del cielo»”. 32 Jesús les dijo: “En verdad, en verdad, os digo, Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es Aquel que desciende del cielo y da la vida al mundo”. 34 Le dijeron: “Señor, danos siempre este pan”. 35 Respondióles Jesús: “Soy Yo el pan de vida; quien viene a Mí, no tendrá más hambre, y quien cree en Mí, nunca más tendrá sed. 36 Pero, os lo he dicho: a pesar de que me habéis visto, no creéis. 37 Todo lo que me da el Padre vendrá a Mí, y al que venga a Mí, no lo echaré fuera, ciertamente, 38 porque bajé del cielo para hacer no mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39 Ahora bien, la voluntad del que me envió, es que no pierda Yo nada de cuanto Él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. 40 Porque ésta es la voluntad del Padre: que todo aquel que contemple al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna; y Yo lo resucitaré en el último día”.

41 Entonces los judíos se pusieron a murmurar contra Él, porque  habla dicho: “Yo soy el pan que bajó del cielo”; 42 y decían: “No es éste Jesús, el Hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo, pues, ahora dice: «Yo he bajado del cielo?»” 43 Jesús les respondió y dijo: “No murmuréis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió, no lo atrae; y Yo lo resucitaré en el último día. 45 Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escuchó al Padre y ha aprendido, viene a Mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre, sino Aquel que viene de Dios, Ése ha visto al Padre. 47 En verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Los padres vuestros comieron en el desierto el maná y murieron. 50 He aquí el pan, el que baja del cielo para que uno coma de él y no muera. 51 Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo”. 52 Empezaron entonces los judíos a discutir entre ellos y a decir: “¿Cómo puede éste darnos la carne a comer?” 53 Díjoles, pues, Jesús: “En verdad, en verdad, os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis la sangre del mismo, no tenéis vida en vosotros. 54 El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, tiene vida eterna y Yo le resucitaré en el último día. 55 Porque la carne mía verdaderamente es comida y la sangre mía verdaderamente es bebida. 56 El que de Mí come la carne y de Mí bebe la sangre, en Mí permanece y Yo en él. 57 De la misma manera que Yo, enviado por el Padre viviente, vivo por el Padre, así el que me come, vivirá también por Mí. 58 Este es el pan bajado del cielo, no como aquel que comieron los padres, los cuales murieron. El que come este pan vivirá eternamente”. 59 Esto dijo en Cafarnaúm, hablando en la sinagoga.

CONFESIÓN DE PEDRO. 60 Después de haberío oído, muchos de sus discípulos dijeron: “Dura es esta doctrina: ¿Quién puede escucharla?”. 61 Jesús, conociendo interiormente que sus discípulos murmuraban sobre esto, les dijo: “¿Esto os escandaliza? 62 ¿Y si viereis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? 63 El espíritu es el que vivifica; la carne para nada aprovecha. Las palabras que Yo os he dicho, son espíritu y son vida. 64 Pero hay entre vosotros quienes no creen”. Jesús, en efecto, sabía desde el principio, quiénes eran los que creían, y quién lo había de entregar. 65 Y agregó: “He ahí por qué os he dicho que ninguno puede venir a Mí, si esto no le es dado por el Padre”. 66 Desde aquel momento muchos de sus discípulos volvieron atrás y dejaron de andar con Él. 67 Entonces Jesús dijo a los Doce: “¿Queréis iros también vosotros?” 68 Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios”. 70 Jesús les dijo: “¿No fui Yo acaso quien os elegí a vosotros los doce? ¡Y uno de vosotros es diablo!” 71 Lo decía por Judas Iscariote, hijo de Simón, pues él había de entregarlo: él, uno de los Doce.

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JUAN 7

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VIAJE DE JESÚS A JERUSALÉN. 1 Después de esto, Jesús anduvo por Galilea; pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. 2 Estando próxima la fiesta judía de los Tabernáculos, 3 sus hermanos le dijeron: “Trasládate a Judea, para que tus discípulos también (allí) vean que obras haces. 4 Ninguno esconde las propias obras cuando él mismo desea estar en evidencia. Ya que Tú haces tales obras, muéstrate al mundo”. 5 Efectivamente, ni sus mismos hermanos creían en Él. 6 Jesús, por tanto, les respondió: “El tiempo no ha llegado aún para Mí; para vosotros siempre está a punto. 7 El mundo no puede odiaros a vosotros; a Mí, al contrario, me odia, porque Yo testifico contra él que sus obras son malas. 8 Id, vosotros, a la fiesta; Yo, no voy a esta fiesta, porque mi tiempo aún no ha llegado”. 9 Dicho esto, se quedó en Galilea. 10 Pero, después que sus hermanos hubieron subido a la fiesta, Él también subió, mas no ostensiblemente, sino como en secreto. 11 Buscábanle los judíos durante la fiesta y decían: “¿Dónde está Aquél?” 12 Y se cuchicheaba mucho acerca de Él en el pueblo. Unos decían: “Es un hombre de bien”. “No, decían otros, sino que extravía al pueblo”. 13 Pero nadie expresaba públicamente su parecer sobre Él, por miedo a los judíos.

CARÁCTER DIVINO DE LA DOCTRINA DE CRISTO. 14 Estaba ya mediada la fiesta, cuando Jesús subió al Templo, y se puso a enseñar. 15 Los judíos estaban admirados y decían: “¿Cómo sabe éste letras, no habiendo estudiado?” 16 Replicóles Jesús y dijo: “Mi doctrina no es mía, sino del que me envió. 17 Si alguno quiere cumplir Su voluntad, conocerá si esta doctrina viene de Dios, o si Yo hablo por mi propia cuenta. 18 Quien habla por su propia cuenta, busca su propia gloria; pero quien busca la gloria del que lo envió, ese es veraz, y no hay en él injusticia. 19 ¿No os dio Moisés la Ley? Ahora bien, ninguno de vosotros observa la Ley. (Entonces) ¿por qué tratáis de quitarme la vida?”. 20 La turba le contestó: “Estas endemoniado. ¿Quién trata de quitarte la vida?” 21 Jesús les respondió y dijo: “Una sola obra he hecho, y por ello estáis desconcertados todos. 22 Moisés os dio la circuncisión –no que ella venga de Moisés, sino de los patriarcas– y la practicáis en día de sábado. 23 Si un hombre es circuncidado en sábado, para que no sea violada la Ley de Moisés: ¿cómo os encolerizáis contra Mí, porque en sábado sané a un hombre entero? 24 No juzguéis según las apariencias, sino que vuestro juicio sea justo.

ORIGEN DEL MESÍAS. 25 Entonces algunos hombres de Jerusalén se pusieron a decir: “¿No es Éste a quien buscan para matarlo? 26 Y ved cómo habla en público sin que le digan nada. ¿Será que verdaderamente habrán reconocido los jefes que Él es el Mesías? 27 Pero sabemos de dónde es Éste; mientras que el Mesías, cuando venga, nadie sabrá de dónde es”. 28 Entonces Jesús, enseñando en el Templo, clamó y dijo: “Sí, vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy; pero es que Yo no he venido de Mí mismo; mas El que me envió, es verdadero; y a Él vosotros no lo conocéis. 29 Yo sí que lo conozco, porque soy de junto a Él, y es Él quien me envió”. 30 Buscaban, entonces, apoderarse de Él, pero nadie puso sobre Él la mano, porque su hora no había llegado aún.

INTENTO DE PRENDER A JESÚS. 31 De la gente, muchos creyeron en Él, y decían: “Cuando el Mesías venga, ¿hará más milagros que los que Éste ha hecho?” 32 Oyeron los fariseos estos comentarios de la gente acerca de Él; y los sumos sacerdotes con los fariseos enviaron satélites para prenderlo. 33 Entonces Jesús dijo: “Por un poco de tiempo todavía estoy con vosotros; después me voy a Aquel que me envió. 34 Me buscaréis y no me encontraréis, porque donde Yo estaré, vosotros no podéis ir”. 35 Entonces los judíos se dijeron unos a otros: “¿Adónde, pues, ha de ir, que nosotros no lo encontraremos? ¿Irá a los que están dispersos entre los griegos o irá a enseñar a los griegos? 36 ¿Qué significan las palabras que acaba de decir: Me buscaréis y no me encontraréis, y donde Yo estaré, vosotros no podéis ir?”

PROMESA DEL AGUA VIVA. 37 Ahora bien, el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús poniéndose de pie, clamó: “Si alguno tiene sed venga a Mí, y beba 38 quien cree en Mí. Como ha dicho  la Escritura: «de su seno manarán torrentes de agua viva». 39 Dijo esto del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él: pues aun no había Espíritu, por cuanto Jesús no había sido todavía glorificado. 40 Algunos del pueblo, oyendo estas palabras, decían: “A la verdad, Éste es el profeta”. 41 Otros decían: “Éste es el Cristo”; pero otros decían: “Por ventura ¿de Galilea ha de venir el Cristo? 42 ¿No ha dicho la Escritura que el Cristo ha de venir del linaje de David, y de Belén, la aldea de David?” 43 Se produjo así división en el pueblo a causa de Él.

TESTIMONIO DE LOS SATÉLITES Y DE NICODEMO. 44 Algunos de entre ellos querían apoderarse de Él, pero nadie puso sobre Él la mano. 45 Volvieron, pues, los satélites a los sumos sacerdotes y fariseos, los cuales les preguntaron: ¿Por qué no lo habéis traído?” 46 Respondieron los satélites: “¡Nadie jamás habló como este hombre!” 47 A lo cual los fariseos les dijeron: “¿También vosotros habéis sido embaucados? 48 ¿Acaso hay alguien entre los jefes o entre los fariseos que haya creído en Él? 49 Pero esa turba, ignorante de la Ley, son unos malditos”.

50 Mas Nicodemo, el que había venido a encontrarlo anteriormente, y que era uno de ellos, les dijo: 51 “¿Permite nuestra Ley condenar a alguien antes de haberío oído y de haber conocido sus hechos?” 52 Le respondieron y dijeron: “¿También tú eres de Galilea? Averigua y verás que de Galilea no se levanta ningún profeta”. 53 Y se fueron cada uno a su casa.

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JUAN 8

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LA MUJER ADÚLTERA. 1 Y Jesús se fue al Monte de los Olivos. 2 Por la mañana reapareció en el Templo y todo el pueblo vino a Él, y sentándose les enseñaba. 3 Entonces los escribas y los fariseos llevaron una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola en medio, 4 le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. 5 Ahora bien, en la Ley, Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Y Tú, qué dices?” 6 Esto decían para ponerlo en apuros, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir en el suelo, con el dedo. 7 Como ellos persistían en su pregunta, se enderezó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, tire el primero la piedra contra ella”. 8 E inclinándose de nuevo, se puso otra vez a escribir en el suelo. 9 Pero ellos, después de oír aquello, se fueron uno por uno, comenzando por los más viejos, hasta los postreros, y quedó Él solo, con la mujer que estaba en medio. 10 Entonces Jesús, levantándose, le dijo: “Mujer, ¿dónde están ellos? ¿Ninguno te condenó?” 11 “Ninguno, Señor”, respondió ella. Y Jesús le dijo: “Yo no te condeno tampoco. Vete, desde ahora no peques más”.

JESÚS, LA LUZ DEL MUNDO. 12 Jesús les habló otra vez, y dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. 13 Le dijeron, entonces, los fariseos: “Tú te das testimonio a Ti mismo; tu testimonio no es verdadero”. 14 Jesús les respondió y dijo: “Aunque Yo doy testimonio de Mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde vengo y adónde voy; mas vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy. 15 Vosotros juzgáis carnalmente; Yo no juzgo a nadie; 16 y si Yo juzgo, mi juicio es verdadero, porque no soy Yo solo, sino Yo y el Padre que me envió. 17 Está escrito también en vuestra Ley que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Ahora bien, para dar testimonio de Mí, estoy Yo mismo y el Padre que me envió”. 19 Ellos le dijeron: “¿Dónde está tu Padre?” Jesús respondió: “Vosotros no conocéis ni a Mí ni a mi Padre; si me conocieseis a Mí, conoceríais también a mi Padre”. 20 Dijo esto junto al Tesoro, enseñando en el Templo. Y nadie se apoderó de Él, porque su hora no había llegado aún.

INCREDULIDAD DE LOS JUDÍOS. 21 De nuevo les dijo: “Yo me voy y vosotros me buscaréis, mas moriréis en vuestro pecado. Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir”. 22 Entonces los judíos dijeron: “Acaso va a matarse, pues que dice: Adonde Yo voy, vosotros no podéis venir”. 23 Y Él les dijo: “Vosotros sois de abajo; Yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; Yo no soy de este mundo. 24 Por esto, os dije que moriréis en vuestros pecados. Sí, si no creéis que Yo soy (el Cristo), moriréis en vuestros pecados”. 25 Entonces le dijeron: “Pues ¿quién eres?” Respondióles Jesús: “Eso mismo que os digo desde el principio. 26 Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros. Pues El que me envió es veraz, y lo que Yo oí a Él, esto es lo que enseño al mundo”. 27 ellos no comprendieron que les estaba  hablando del Padre. 28 Jesús les dijo pues: “Cuando hayáis alzado al Hijo del hombre, entonces conoceréis que soy Yo (el Cristo), y que de Mí mismo no hago nada, sino que hablo como mi Padre me enseñó. 29 El que me envió, está conmigo. El no me ha dejado solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada”. 30 Al decir estas cosas, muchos creyeron en Él.

LA VERDAD NOS HACE LIBRES. 31 Jesús dijo entonces a los judíos que le habían creído: “Si permanecéis en mi palabra, sois verdaderamente mis discípulos, 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. 33 Replicáronle: “Nosotros somos la descendencia de Abrahán, y jamás hemos sido esclavos de nadie; ¿cómo, pues, dices Tú, llegaréis a ser libres?” 34 Jesús les respondió: “En verdad, en verdad, os digo, todo el que comete pecado es esclavo [del pecado]. 35 Ahora bien, el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo queda para siempre. 36 Si, pues, el Hijo os hace libres, seréis verdaderamente libres. 37 Bien sé que sois la posteridad de Abrahán, y sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. 38 Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros, hacéis lo que habéis aprendido de vuestro padre”. 39 Ellos le replicaron diciendo: “Nuestro padre es Abrahán”. Jesús les dijo: “Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán. 40 Sin embargo, ahora tratáis de matarme a Mí, hombre que os he dicho la verdad que aprendí de Dios. ¡No hizo esto Abrahán! 41 Vosotros hacéis las obras de vuestro padre”. Dijéronle: “Nosotros no hemos nacido del adulterio; no tenemos más que un padre: ¡Dios!” 42 Jesús les respondió: “Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais a Mí, porque Yo salí y vine de Dios. No vine por Mí mismo sino que Él me envió. 43 ¿Por qué, pues, no comprendéis mi lenguaje? Porque no podéis sufrir mi palabra. 44 Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay nada de verdad en él. Cuando profiere la mentira, habla de lo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira. 45 Y a Mí porque os digo la verdad, no me creéis. 46 ¿Quien de vosotros puede acusarme de pecado? Y entonces; si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? 47 El que es de Dios, escucha las palabras de Dios; por eso no la escucháis vosotros, porque no sois de Dios”.

NUEVAS DIATRIBAS DE LOS JUDÍOS. 48 A lo cual los judíos respondieron diciéndole: “¿No tenemos razón, en decir que Tú eres un samaritano y un endemoniado?” 49 Jesús repuso: “Yo no soy un endemoniado, sino que honro a mi Padre, y vosotros me estáis ultrajando. 50 Mas Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzgará. 51 En verdad, en verdad, os digo, si alguno guardare mi  palabra, no verá jamás la muerte”. 52 Respondiéronle los judíos “Ahora sabemos que estás endemoniado. Abrahán murió, los profetas también; y tú dices: “Si alguno guardare mi palabra no gustará jamás la muerte”. 53 ¿Eres tú, pues, más grande que nuestro padre Abrahán, el cual murió? Y los profetas también murieron; ¿quién te haces a Ti mismo?” 54 Jesús respondió: “Si Yo me glorifico a Mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es quien me glorifica: Aquel de quien vosotros decís que es vuestro Dios; 55 mas vosotros no lo conocéis. Yo sí que lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros, pero lo conozco y conservo su palabra. 56 Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo”. 57 Dijéronle, pues, los judíos: “No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?” 58 Díjoles Jesús: “En verdad, en verdad os digo: Antes que Abrahán existiera, Yo soy”. 59 Entonces tomaron piedras para arrojarlas sobre Él. Pero Jesús se ocultó y salió del Templo.

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CURACIÓN DEL CIEGO DE NACIMIENTO. 1 Al pasar vio a un hombre, ciego de nacimiento. 2 Sus discípulos le preguntaron: “Rabí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciese ciego?” 3 Jesús les respondió: “Ni él ni sus padres, sino que ello es para que las obras de Dios sean manifestadas en él. 4 Es necesario que cumplamos las obras del que me envió, mientras es de día; viene la noche, en que  ya nadie puede obrar. 5 Mientras estoy en el mundo, soy luz de (este) mundo”. 6 Habiendo dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva y le untó los ojos con el barro. 7 Después le dijo: “Ve a lavarte a la piscina del Siloé”, que se traduce “El Enviado”. Fue, pues, se lavó y volvió con vista. 8 Entonces los vecinos y los que antes lo habían visto –pues era mendigo– dijeron: “¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna?” 9 Unos decían: “Es él”; otros: “No es él, sino que se le parece”. Pero él decía: “Soy yo”. 10 Entonces le preguntaron: “Cómo, pues, se abrieron tus ojos” 11 Respondió: “Aquel hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó con él los ojos y me dijo: “Ve al Siloé y lávate”. Fui, me lavé y vi”. 12 Le preguntaron: “¿Dónde está Él?” Respondió: “No lo sé”.

13 Llevaron, pues, a los fariseos al que antes había sido ciego. 14 Ahora bien, el día en que Jesús había hecho barro y le había abierto los ojos era sábado. 15 Y volvieron a preguntarle los fariseos cómo había llegado a ver. Les respondió: “Puso barro sobre mis ojos, y me lavé, y veo”. 16 Entonces entre los fariseos, unos dijeron: “Ese hombre no es de Dios, porque no observa el sábado”. Otros, empero, dijeron: “¿Cómo puede un pecador hacer semejante milagro?” Y estaban en desacuerdo. 17 Entonces preguntaron nuevamente al ciego: “Y tú, ¿qué dices de Él por haberte abierto los ojos?” Respondió: “Es un profeta”.

18 Mas los judíos no creyeron que él hubiese sido ciego y que hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista. 19 Les preguntaron: “¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? Pues, ¿cómo ve ahora?” 20 Los padres respondieron: “Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; 21 pero cómo es que ahora ve, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco sabemos. Preguntádselo a él: edad tiene, él hablará por sí mismo”. 22 Los padres hablaron así, porque temían a los judíos. Pues éstos se habían ya concertado para que quienquiera lo reconociese como Cristo, fuese excluido de la Sinagoga. 23 Por eso sus padres dijeron: “Edad tiene, preguntadle a él”. 24 Entonces llamaron por segunda vez al que había sido ciego, y le dijeron: “¡Da gloria a Dios! Nosotros sabemos que este hombre es pecador”. 25 Mas él repuso: “Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego, y que al presente veo”. 26 A lo cual le preguntaron otra vez: “¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?” 27 Contestóles: “Ya os lo he dicho, y no lo escuchasteis. ¿Para qué queréis oírlo de nuevo? ¿Queréis acaso vosotros también haceros sus discípulos?” 28 Entonces lo injuriaron y le dijeron: “Tú sé su discípulo; nosotros somos los discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que Dios habló a Moisés; pero éste, no sabemos de dónde es”. 30 Les replicó el hombre y dijo: “He aquí lo que causa admiración, que vosotros no sepáis de dónde es Él, siendo así que me ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no oye a los pecadores, pero al que es piadoso y hace su voluntad, a ése le oye. 32 Nunca jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. 33 Si Él no fuera de Dios, no podría hacer nada”. 34 Ellos le respondieron diciendo: “En pecados naciste todo tú, ¿y nos vas a enseñar a nosotros?” Y lo echaron fuera.

LOS CIEGOS VERÁN Y LOS VIDENTES CEGARÁN. 35 Supo Jesús que lo habían arrojado, y habiéndolo encontrado, le dijo: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” 36 Él respondió y dijo: “¿Quién es, Señor, para que crea en Él?” 37 Díjole Jesús: “Lo estás viendo, es quien te habla”. 38 Y él repuso: “Creo, Señor”, y lo adoró. 39 Entonces Jesús dijo: “Yo he venido a este mundo para un juicio: para que vean los que no ven; y los que ven queden ciegos”. 40 Al oír esto, algunos fariseos que se encontraban con Él, le preguntaron: “¿Acaso también nosotros somos ciegos?” 41 Jesús les respondió: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado. Pero ahora que decís: «vemos», vuestro pecado persiste”.

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EL BUEN PASTOR. 1 “En verdad, en verdad, os digo, quien no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. 2 Mas el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y él llama por su nombre a las ovejas propias, y las saca fuera. 4 Cuando ha hecho salir todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque conocen su voz. 5 Mas al extraño no le seguirán, antes huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. 6 Tal es la parábola, que les dijo Jesús, pero ellos no comprendieron de qué les hablaba.

7 Entonces Jesús prosiguió: “En verdad, en verdad, os digo, Yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos cuantos han venido antes que Yo son ladrones y salteadores, mas las ovejas no los escucharon. 9 Yo soy la puerta, si alguno entra por Mí, será salvo; podrá ir y venir y hallará pastos. 10 El ladrón no viene sino para robar, para degollar, para destruir. Yo he venido para que tengan vida y vida sobreabundante. 11 Yo soy el pastor, el Bueno. El buen pastor pone su vida por las ovejas. 12 Mas el mercenario, el que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, viendo venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa; 13 porque es mercenario y no tiene interés en las ovejas. 14 Yo soy el pastor bueno, y conozco las mías, y las mías me conocen, 15 –así como el Padre me conoce y Yo conozco al Padre– y pongo mi vida por mis ovejas. 16 Y tengo otras ovejas que no son de este aprisco. A ésas también tengo que traer; ellas oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor. 17 Por esto me ama el Padre, porque Yo pongo mi vida para volver a tomarla. 18 Nadie me la puede quitar, sino que Yo mismo la pongo. Tengo el poder de ponerla, y tengo el poder de recobrarla. Tal es el mandamiento que recibí de mi Padre”.

JESÚS CONFIRMA SU MISIÓN MESIÁNICA Y SU FILIACIÓN DIVINA. 19 Y de nuevo los judíos se dividieron a causa de estas palabras. 20 Muchos decían: “Es un endemoniado, está loco. ¿Por qué lo escucháis?” 21 Otros decían: “Estas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos de los ciegos?” 22 Llegó entre tanto la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Era invierno, 23 y Jesús se paseaba en el Templo, bajo el pórtico de Salomón. 24 Lo rodearon, entonces, y le dijeron: “¿Hasta cuándo tendrás nuestros espíritus en suspenso? Si Tú eres el Mesías, dínoslo claramente”. 25 Jesús les replicó: “Os lo he dicho, y no creéis. Las obras que Yo hago en el nombre de mi Padre, ésas son las que dan testimonio de Mí. 26 Pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. 27 Mis ovejas oyen mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. 28 Y Yo le daré vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Lo que mi Padre me dio es mayor que todo, y nadie lo puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y mi Padre somos uno”.

31 De nuevo los judíos recogieron piedras para lapidarlo. 32 Entonces Jesús les dijo: “Os he hecho ver muchas obras buenas, que son de mi Padre. ¿Por cuál de ellas queréis apedrearme?” 33 Los judíos le respondieron: “No por obra buena te apedreamos, sino  porque blasfemas, y siendo hombre, te haces a Ti mismo Dios”. 34 Respondióles Jesús: “¿No está escrito en vuestra Ley: «Yo dije: sois dioses?» 35 Si ha llamado dioses a aquellos a quienes fue dirigida la palabra de Dios –y la Escritura no puede ser anulada– 36 ¿cómo de Aquel que el Padre consagró y envió al mundo, vosotros decís: «Blasfemas», porque dije: «Yo soy el Hijo de Dios?» 37 Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; 38 pero ya que las hago, si no queréis creerme, creed al menos, a esas obras, para que sepáis y conozcáis que el Padre es en Mí, y que Yo soy en el Padre”. 39 Entonces trataron de nuevo de apoderarse de Él, pero se escapó de entre sus manos.

40 Y se fue nuevamente al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado primero, y allí se quedo. 41 Y muchos vinieron a Él, y decían: “Juan no hizo milagros, pero todo lo que dijo de Éste, era verdad”. 42 Y muchos allí creyeron en Él.

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JUAN 11

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LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO. 1 Había uno que estaba enfermo, Lázaro de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. 2 María era aquella que ungió con perfumes al Señor y le enjugó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro estaba, pues, enfermo. 3 Las hermanas le enviaron a decir: “Señor, el que Tú amas está enfermo”. 4 Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea por ella glorificado”. 5 Y Jesús amaba a Marta y a su hermana y a Lázaro.

6 Después de haber oído que estaba enfermo se quedó aún dos días allí donde se encontraba. 7 Sólo entonces dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. 8 Sus discípulos le dijeron: “Rabí, hace poco te buscaban los judíos para lapidarte, ¿y Tú vuelves allá?” 9 Jesús repuso: “¿No tiene el día doce horas? Si uno anda de día, no tropieza, porque tiene luz de este mundo. 10 Pero si anda de noche, tropieza, porque no tiene luz”. 11 Así habló Él; después les dijo: “Lázaro nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a ir a despertarlo”. 12 Dijéronle los discípulos: “Señor, si duerme, sanará”. 13 Mas Jesús había hablado de su muerte, y ellos creyeron que hablaba del sueño. 14 Entonces Jesús les dijo claramente: “Lázaro ha muerto. 15 Y me alegro de no haber estado allí a causa de vosotros, para que creáis. Pero vayamos a él”. 16 Entonces Tomás, el llamado Dídimo, dijo a los otros discípulos: “Vayamos también nosotros a morir con Él”.

17 Al llegar, oyó Jesús que llevaba ya cuatro días en el sepulcro. 18 Betania se encuentra cerca de Jerusalén, a unos quince estadios. 19 Muchos judíos habían ido a casa de Marta y María para consolarlas por causa de su hermano. 20 Cuando Marta supo que Jesús llegaba, fue a su encuentro, en tanto que María se quedó en casa. 21 Marta dijo, pues, a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 22 Pero sé que lo que pidieres a Dios, te lo concederá”. 23 Díjole Jesús: “Tu hermano resucitará”. 24 Marta repuso: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día”. 25 Replicóle Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque muera, revivirá. 26 Y todo viviente y creyente en Mí, no morirá jamás. ¿Lo crees tú?” 27 Ella le respondió: “Sí, Señor. Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de, Dios, el que viene a este mundo”.

28 Dicho esto, se fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en secreto: “El maestro está ahí y te llama”. 29 Al oír esto, ella se levantó apresuradamente, y fue a Él. 30 Jesús no había llegado todavía a la aldea, sino que aún estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. 31 Los judíos que estaban con María en la casa, consolándola, al verla levantarse tan súbitamente y salir, le siguieron, pensando que iba a la tumba para llorar allí. 32 Cuando María llegó al lugar donde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies, y le dijo: “Señor, si Tú hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. 33 y Jesús, viéndola llorar, y llorar también a los judíos que la acompañaban se estremeció en su espíritu, y se turbó a sí mismo. 34 Y dijo: “¿Dónde lo habéis puesto?” Le respondieron: “Señor, ven a ver”. 35 Y Jesús lloró. 36 Los judíos dijeron: “¡Cuánto lo amaba!” 37 Algunos de entre ellos, sin embargo, dijeron: “El que abrió los ojos del ciego, ¿no podía hacer que éste no muriese?” 38 Jesús de nuevo estremeciéndose en su espíritu, llegó a la tumba: era una cueva; y tenía una piedra puesta encima. 39 Y dijo Jesús: “Levantad la piedra”. Marta, hermana del difunto, le observó: “Señor, hiede ya, porque es el cuarto día”. 40 Repúsole Jesús: “¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?” 41 Alzaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: “Padre, te doy gracias por haberme oído. 42 Bien sabía que siempre me oyes, mas lo dije por causa del pueblo que me rodea, para que crean que eres Tú quien me has enviado”. 43 Cuando hubo hablado así, clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!” 44 Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desatadlo, y dejadlo ir”.

PROFECÍA DE CAIFÁS. 45 Muchos judíos, que habían venido a casa de María, viendo lo que hizo, creyeron en Él. 46 Algunos de entre ellos, sin embargo, se fueron de allí a encontrar a los fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho. 47 Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos reunieron un consejo y dijeron: “¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchos milagros. 48 Si le dejamos continuar, todo el mundo va a creer en Él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar (santo) y también nuestro pueblo”. 49 Pero uno de ellos, Caifás, que era Sumo Sacerdote en aquel año, les dijo: “Vosotros no entendéis nada, 50 y no discurrís que os es preferible que un solo hombre muera por todo el pueblo, antes que todo el pueblo perezca”. 51 Esto, no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo Sumo Sacerdote en aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación, 52 y no por la nación solamente, sino también para congregar en uno a todos los hijos de Dios dispersos. 53 Desde aquel día tomaron la resolución de hacerlo morir. 54 Por esto Jesús no anduvo más, ostensiblemente, entre los judíos, sino que se fue a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y se quedó allí con sus discípulos.

55 Estaba próxima la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subieron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. 56 Y, en el Templo, buscaban a Jesús, y se preguntaban unes a otros: “¿Que os parece? ¿No vendrá a la fiesta?” 57 Entre tanto, los sumos sacerdotes y los fariseos habían impartido órdenes para que quienquiera supiese dónde estaba, lo manifestase, a fin de apoderarse de Él.

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JUAN 12

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MARÍA UNGE A JESÚS. 1 Jesús, seis días antes de la Pascua, vino a Betania donde estaba Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 2 Le dieron allí una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con Él. 3 Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo puro de gran precio ungió con él los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos, y el olor del ungüento llenó toda la casa. 4 Judas el Iscariote, uno de mis discípulos, el que había de entregarlo, dijo: 5 “¿Por qué no se vendió este ungüento en trescientos denarios, y se dio para los pobres?” 6 No dijo esto porque se cuidase de los pobres, sino porque era ladrón; y como él tenía la bolsa, sustraía lo que se echaba en ella. 7 Mas Jesús dijo: “Déjala, que para el día de mi sepultura lo guardaba. 8 Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, mas a Mí no siempre me tenéis”. 9 Entre tanto una gran multitud de judíos supieron que Él estaba allí, y vinieron, no por Jesús solo, sino también para ver a Lázaro, a quien Él había resucitado de entre los muertos. 10 Entonces los sumos sacerdotes tomaron la resolución de matar también a Lázaro, 11 porque muchos judíos, a causa de él, se alejaban y creían en Jesús.

ENTRADA TRIUNFAL EN JERUSALÉN. 12 Al día siguiente, la gran muchedumbre de los que habían venido a la fiesta, enterados de que Jesús venía a Jerusalén, 13 tomaron ramas de palmeras, y salieron a su encuentro; y clamaban: “¡Hosanna! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor y el rey de Israel!” 14 Y Jesús hallando un pollino, montó sobre él, según está escrito: 15 “No temas, hija de Sión, he aquí que tu rey viene, montado sobre un asnillo”. 16 Esto no entendieron sus discípulos al principio; mas cuando Jesús fue glorificado, se acordaron de que esto había sido escrito de Él, y que era lo que habían hecho con Él. 17 Entre tanto el gentío que estaba con Él cuando llamó a Lázaro de la tumba y lo resucitó de entre los muertos, daba testimonio de ello. 18 Y por eso la multitud le salió al encuentro, porque habían oído que Él había hecho este milagro. 19 Entonces los fariseos se dijeron unos a otros: “Bien veis que no adelantáis nada. Mirad cómo todo el mundo se va tras Él”.

PAGANOS QUIEREN VER A JESÚS. 20 Entre los que subían para adorar en la fiesta, había algunos griegos. 21 Estos se acercaron a Felipe, que era de Betsaida en Galilea, y le hicieron este ruego: “Señor, deseamos ver a Jesús”. 22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; y los dos fueron a decirlo a Jesús. 23 Jesús les respondió y dijo: “¿Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado?” 24 En verdad, en verdad, os digo: si el grano de trigo arrojado en tierra no muere, se queda solo; mas si muere, produce fruto abundante. 25 Quien ama su alma, la pierde; y quien aborrece su alma en este mundo, la conservará para vida eterna. 26 Si alguno me quiere servir, sígame, y allí donde Yo estaré, mi servidor estará también; si alguno me sirve, el Padre lo honrará”.

TESTIMONIO DEL PADRE. 27 “Ahora mi alma está turbada: ¿y qué diré? ¿Padre, presérvame de esta hora? ¡Mas precisamente para eso he llegado a esta hora! 28 Padre glorifica tu nombre”. Una voz, entonces, bajo del cielo: “He glorificado ya, y glorificaré aún”. 29 La muchedumbre que ahí estaba y oyó, decía que había sido un trueno; otros decían: “Un ángel le ha hablado”. 30 Entonces Jesús respondió y dijo: “Esta voz no ha venido por Mí, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será expulsado. 32 Y Yo, una vez levantado de la tierra, lo atraeré todo hacia Mí”. 33 Decía esto para indicar de cuál muerte había de morir. 34 El pueblo le replicó: “Nosotros sabemos por la Ley que el Mesías morará entre nosotros para siempre; entonces, ¿cómo puedes Tú decir que es necesario que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?” 35 Jesús les dijo: “Poco tiempo está aún la luz entre vosotros; mientras tenéis la luz, caminad, no sea que las tinieblas os sorprendan; el que camina en tinieblas, no sabe adónde va. 36 Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para volveros hijos de la luz”. Después de haber dicho esto, Jesús se alejó y se ocultó de ellos.

ANUNCIO DE LA INCREDULIDAD. 37 Mas a pesar de los milagros tan grandes que Él había hecho delante de ellos, no creían en Él. 38 Para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías que dijo: “Señor, ¿quién ha creído a lo que oímos (de Ti) y el brazo del Señor, ¿a quién ha sido manifestado?” 39 Ellos no podían creer, porque Isaías también dijo: 40 “Él ha cegado sus ojos y endurecido sus corazones, para que no vean con sus ojos, ni entiendan con su corazón, ni se conviertan, ni Yo los sane”. 41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y de Él habló.

JESÚS, LEGADO DIVINO. 42 Sin embargo, aun entre los jefes, muchos creyeron en Él, pero a causa de los fariseos, no (lo) confesaban, de miedo de ser excluidos de las sinagogas; 43 porque amaron más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44 Y Jesús clamó diciendo: “El que cree en Mí, no cree en Mí, sino en Aquel que me envió; 45 y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo la luz, he venido al mundo para que todo el que cree en Mí no quede en tinieblas. 47 Si alguno oye mis palabras y nos las observa, Yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvarlo. 48 El que me rechaza y no acepta mi palabra, va tiene quien lo juzgará: la palabra que Yo he hablado, ella será la que lo condenará, en el último día. 49 Porque Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar; 50 y sé que su precepto es vida eterna. Lo que Yo digo, pues, lo digo como el Padre me lo ha dicho”.

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III. PLÁTICAS DE DESPEDIDA (Cap. 13 - Cap. 17)

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JUAN 13

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JESÚS LAVA LOS PIES A SUS DISCÍPULOS. 1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora para que pasase de este mundo al Padre, como amaba a los suyos, los que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y mientras cenaban, cuando el diablo había ya puesto en el corazón de Judas, el Iscariote, hijo de Simón, el entregarlo, 3 sabiendo que su Padre todo se lo había dado a Él en las manos, que había venido de Dios y que a Dios volvía. 4 se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos, y se ciñó un lienzo. 5 Luego, habiendo echado agua en un lebrillo, se puso a lavar los pies de sus discípulos y a enjugarlos con el lienzo con que estaba ceñido. 6 Llegando a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿Tú lavarme a mí los pies?” 7 Jesús le respondió: “Lo que Yo hago, no puedes comprenderlo ahora, pero lo comprenderás después. 8 Pedro le dijo: “No, jamás me lavarás Tú los pies”. Jesús le respondió. “Si Yo no te lavo, no tendrás nada de común conmigo”. 9 Simón Pedro le dijo: “Entonces, Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza”. 10 Jesús le dijo: “Quien está bañado, no necesita lavarse [más que los pies], porque está todo limpio. Y vosotros estáis limpios, pero no todos”. 11 Él sabía, en efecto, quién lo iba a entregar; por eso dijo: “No todos estáis limpios”.

12 Después de lavarles los pies, tomó sus vestidos, se puso de nuevo a la mesa y les dijo: “¿Comprendéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me decís: «Maestro» y «Señor», y decís bien, porque lo soy. 14 Si, pues, Yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis unos a otros lavaros los pies, 15 porque os he dado el ejemplo, para que hagáis como Yo os he hecho. 16 En verdad, en verdad, os digo, no es el siervo más grande que su Señor ni el enviado mayor que quien lo envía. 17 Sabiendo esto, seréis dichosos al practicarlo. 18 No hablo de vosotros todos; Yo sé a quiénes escogí; sino para que se cumpla la Escritura: «El que come mi pan, ha levantado contra Mí su calcañar». 19 Desde ahora os lo digo, antes que suceda, a fin de que, cuando haya sucedido, creáis que soy Yo. 20 En verdad, en verdad, os digo, quien recibe al que Yo enviare, a Mí me recibe; y quien me recibe a Mí, recibe al que me envió”.

JESÚS DENUNCIA AL TRAIDOR. 21 Habiendo dicho esto, Jesús se turbó en su espíritu y manifestó abiertamente: “En verdad, en verdad, os digo, uno de vosotros me entregará”. 22 Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo de quién hablaba. 23 Uno de sus discípulos, aquel a quien Jesús amaba, estaba recostado a la mesa en el seno de Jesús. 24 Simón Pedro dijo, pues, por señas a ése: “Di, quién es aquel de quien habla?” 25 Y él, reclinándose así sobre el pecho dé Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?” 26 Jesús le respondió: “Es aquel a quien daré el bocado, que voy a mojar”. Y mojando un bocado, lo tomó y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón. 27 Y tras el bocado, en ese momento, entró en él Satanás. Jesús le dijo, pues: “Lo que haces, hazlo más pronto” . 28 Mas ninguno de los que estaban a la mesa entendió a qué propósito le dijo esto. 29 Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaron que Jesús le decía: “Compra lo que nos hace falta para la fiesta”, o que diese algo a los pobres. 30 En seguida qué tomó el bocado, salió. Era de noche.

EL MANDAMIENTO NUEVO. 31 Cuando hubo salido, dijo Jesús: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado, y Dios glorificado en Él. 32 Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también lo glorificará en Sí mismo, y lo glorificará muy pronto. 33 Hijitos míos, ya no estaré sino poco tiempo con vosotros. Me buscaréis, y, como dije a los judíos, también lo digo a vosotros ahora: “Adónde Yo voy, vosotros no podéis venir”. 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros: para que, así como Yo os he amado, vosotros también os améis unos a otros. 35 En esto reconocerán todos que sois discípulos míos, si tenéis amor unos para otros”.

ANUNCIA LA NEGACIÓN DE PEDRO. 36 Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?” Jesús le respondió: “Adonde Yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más tarde me seguirás”. 37 Pedro le dijo: “¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por Ti”. 38 Respondió Jesús: “¿Tú darás tu vida por Mí?” En verdad, en verdad, te digo, no cantará el gallo hasta que tú me hayas negado tres veces”.

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JUAN 14

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EL SUPREMO DISCURSO DE JESÚS: 1 No se turbe vuestro corazón: creed en Dios, creed también en Mí. 2 En la casa de mi Padre hay muchas moradas; y si no, os lo habría dicho, puesto que voy a preparar lugar para vosotros. 3 Y cuando me haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez y os tomaré junto a Mí, a fin de que donde Yo estoy, estéis vosotros también. 4 Y del lugar adonde Yo voy, vosotros sabéis el camino”. 5 Díjole Tomás: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo, pues, sabremos el camino?” 6 Jesús le replicó: “Soy Yo el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí. 7 Si vosotros me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Más aún, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto”. 8 Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre, y esto nos basta”. 9 Respondióle Jesús: “Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto a mi Padre. ¿Cómo puedes decir: Muéstranos al Padre? 10 ¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las digo de Mí mismo; sino que el Padre, que mora en Mí, hace Él mismo sus obras. 11 Creedme: Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí; al menos, creed a causa de las obras mismas. 12 En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aun mayores, porque Yo voy al Padre 13 y haré todo lo que pidiereis en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si me pedís cualquier cosa en mi nombre Yo la haré”.

PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO. 15 “Si me amáis, conservaréis mis mandamientos. 16 Y Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Intercesor, que quede siempre con vosotros, 17 el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; mas vosotros lo conocéis, porque Él mora con vosotros y estará en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos; volveré a vosotros. 19 Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me volveréis a ver, porque Yo vivo, y vosotros viviréis. 20 En aquel día conoceréis que Yo soy en mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos y los conserva, ése es el que me ama; y quien me ama, será amado de mi Padre, y Yo también lo amaré, y me manifestaré a él”. 22 Díjole Judas –no el Iscariote–: “Señor, ¿cómo es eso: que te has de manifestar a nosotros y no al mundo?” 23 Jesús le respondió y dijo: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada. 24 El que, no me ama no guardará mis palabras; y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”.

JESÚS DA SU PROPIA PAZ. 25 “Os he dicho estas cosas durante mi permanencia con vosotros. 26 Pero el intercesor, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, Él os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que Yo os he dicho. 27 Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente. 28 Acabáis de oírme decir: «Me voy y volveré a vosotros». Si me amaseis, os alegraríais de que voy al Padre, porque el Padre es más grande que Yo. 29 Os lo he dicho, pues, antes que acontezca, para que cuando esto se verifique, creáis. 30 Ya no hablaré mucho con vosotros, porque viene el príncipe del mundo. No es que tenga derecho contra Mí, 31 pero es para que el mundo conozca que Yo amo al Padre, y que obro según el mandato que me dio el Padre. Levantaos, vamos de aquí”.

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LA VID Y LOS SARMIENTOS. 1 “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. 2 Todo sarmiento que, estando en Mí, no lleva fruto, lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto. 3 Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado. 4 Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada. 6 Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca; después los recogen y los echan al fuego, y se queman. 7 Si vosotros permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, todo lo que queráis, pedidlo, y lo tendréis: 8 En esto es glorificado mi Padre: que llevéis mucho fruto, y seréis discípulos míos”

JESÚS DECLARA CÓMO NOS AMA. 9 “Como mi Padre me amó, así Yo os he amado: permaneced en mi amor. 10 Si conserváis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, lo mismo que Yo, habiendo conservado los mandamientos de mi Padre, permanezco en su amor. 11 Os he dicho estas cosas, para que mi propio gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido. 12 Mi mandamiento es que os améis unos a otros, como Yo os he amado. 13 Nadie puede tener amor más grande que dar la vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis esto que os mando. 15 Ya no os llamo más siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor, sino que os he llamado amigos, porque todo lo que aprendí de mi Padre, os lo he dado a conocer. 16 Vosotros no me escogisteis a Mí; pero Yo os escogí, y os he designado para que vayáis, y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que el Padre os dé todo lo que le pidáis en mi nombre. 17 Estas cosas os mando, para que os améis unos a otros”.

21 Pero os harán todo esto a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió. 22 Si Yo hubiera venido sin hacerles oír mi palabra, no tendrían pecado, pero ahora no tienen excusa por su pecado. 23 Quien me odia a Mí odia también a mi Padre. 24 Si Yo no hubiera hecho en medio de ellos las obras que nadie ha hecho, no tendrían pecado, mas ahora han visto, y me han odiado, lo mismo que a mi Padre. 25 Pero es para que se cumpla la palabra escrita en su Ley: «Me odiaron sin causa».

LOS DISCÍPULOS SERÁN ODIADOS. 18 “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a Mí antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como vosotros no sois del mundo – porque Yo os he entresacado del mundo– el mundo os odia. 20 Acordaos de esta palabra que os dije: No es el siervo más grande que su Señor. Si me persiguieron a Mí, también os perseguirán a vosotros; si observaron mi palabra, observarán también la vuestra. 26 Cuando venga el Intercesor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí. 27 Y vosotros también dad testimonio, pues desde el principio estáis conmigo”.

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CAUSA DE LA PERSECUCIÓN. 1 “Os he dicho esto para que no os escandalicéis. 2 Os excluirán de las sinagogas; y aun vendrá tiempo en que cualquiera que os quite la vida, creerá hacer un obsequio a Dios. 3 Y os harán esto, porque no han conocido al Padre, ni a Mí. 4 Os he dicho esto, para que, cuando el tiempo venga, os acordéis que Yo os lo había dicho. No os lo dije desde el comienzo, porque Yo estaba con vosotros. 5 Y ahora Yo me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? 6 sino que la tristeza ha ocupado vuestros corazones porque os he dicho esto. 7 Sin embargo, os lo digo en verdad: Os conviene que me vaya; porque, si Yo no me voy, el Intercesor no vendrá a vosotros; mas si me voy, os lo enviaré. 8 Y cuando Él venga, presentará querella al mundo, por capítulo de pecado, por capítulo 9 por capítulo de pecado, porque no han creído en Mí; 10 por capítulo de justicia, porque Yo me voy a mi Padre, y vosotros no me veréis más; 11 por capítulo de juicio, porque el príncipe de este mundo está juzgado. 12 Tengo todavía mucho que deciros, pero no podéis soportarlo ahora. 13 Cuando venga Aquél, el Espíritu de verdad, Él os conducirá a toda la verdad; porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os anunciará las cosas por venir. 14 Él me glorificará, porque tomará de lo mío, y os (lo) declarará. Todo cuanto tiene el Padre es mío; 15 por eso dije que Él tomará de lo mío, y os (lo) declarará”.

ME VOLVERÉIS A VER. 16 “Un poco de tiempo y ya no me veréis: y de nuevo un poco, y me volveréis a ver, porque me voy al Padre”. 17 Entonces algunos de sus discípulos se dijeron unos a otros: “¿Qué es esto que nos dice: «Un poco, y ya no me veréis; y de nuevo un poco, y me volveréis a ver» y: «Me voy al Padre?»” 18 Y decían: “¿Qué es este «poco» de que habla? No sabemos lo que quiere decir”. 19 Mas Jesús conoció que tenían deseo de interrogarlo, y les dijo: “Os preguntáis entre vosotros que significa lo que acabo de decir: «Un poco, y ya no me veréis, y de nuevo un poco, y me volveréis a ver». 20 En verdad, en verdad, os digo, vosotros vais a llorar y gemir, mientras que el mundo se va a regocijar. Estaréis contristados, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21 La mujer, en el momento de dar a luz, tiene tristeza, porque su hora ha llegado; pero, cuando su hijo ha nacido, no se acuerda más de su dolor, por el gozo de que ha nacido un hombre al mundo. 22 Así también vosotros, tenéis ahora tristeza, pero Yo volveré a veros, y entonces vuestro corazón se alegrará y nadie os podrá quitar vuestro gozo. 23 En aquel día no me preguntaréis más sobre nada. En verdad, en verdad, os digo, lo que pidiereis al Padre, Él os lo dará en mi nombre. 24 Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre. Pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado”.

TENED CONFIANZA. 25 “Os he dicho estas cosas en parábolas; viene la hora en que no os hablaré más en parábolas, sino que abiertamente os daré noticia del Padre. 26 En aquel día pediréis en mi nombre, y no digo que Yo rogaré al Padre por vosotros, 27 pues el Padre os ama Él mismo, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que Yo vine de Dios. 28 Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo, y retorno al Padre”. 29 Dijéronle los discípulos: “He aquí que ahora nos hablas claramente y sin parábolas. 30 Ahora sabemos que conoces todo, y no necesitas que nadie te interrogue. Por esto creemos que has venido de Dios”. 31 Pero Jesús les respondió: “¿Creéis ya ahora? 32 Pues he aquí que viene la hora, y ya ha llegado, en que os dispersaréis cada uno por su lado, dejándome enteramente sólo. Pero, Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 33 Os he dicho estas cosas, para que halléis paz en Mí. En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo”.

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Biblia de Straubinger

JUAN 17

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26

JESÚS ORA POR LA GLORIA DEL PADRE Y POR SU PROPIA GLORIFICACIÓN. 1 Así habló Jesús. Después, levantando sus ojos al cielo, dijo: “Padre, la hora es llegada; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti; 2 –conforme al señorío que le conferiste sobre todo el género humano– dando vida eterna a todos los que Tú le has dado. 3 Y la vida eterna es: que te conozcan a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo Enviado tuyo. 4 Yo te he glorificado a Ti sobre la tierra dando acabamiento a la obra que me confiaste para realizar. 5 Y ahora Tú, Padre, glorifícame a Mí junto a Ti mismo, con aquella gloria que en Ti tuve antes que el mundo existiese”.

RUEGA POR LOS DISCÍPULOS. 6 “Yo he manifestado tu Nombre a los hombres que me diste (apartándolos) del mundo. Eran tuyos, y Tú me los diste, y ellos han conservado tu palabra. 7 Ahora saben que todo lo que Tú me has dado viene de Ti. 8 Porque las palabras que Tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han recibido y han conocido verdaderamente que Yo salí de Ti, y han creído que eres Tu quien me has enviado. 9 Por ellos ruego; no por el mundo, sino por los que Tú me diste, porque son tuyos. 10 Pues todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. 11 Yo no estoy ya en el mundo, pero éstos quedan en el mundo mientras que Yo me voy a Ti. Padre Santo, por tu nombre, que Tú me diste, guárdalos para que sean uno como somos nosotros. 12 Mientras Yo estaba con ellos, los guardaba por tu Nombre, que Tú me diste, y los conservé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdición, para que la Escritura fuese cumplida. 13 Mas ahora voy a Ti, y digo estas cosas estando (aún) en el mundo, para que ellos tengan en sí mismos el gozo cumplido que tengo Yo. 14 Yo les he dado tu palabra y el mundo les ha tomado odio, porque ellos ya no son del mundo, así como Yo no soy del mundo. 15 No ruego para que los quites del mundo, sino para que los preserves del Maligno. 16 Ellos no son ya del mundo, así como Yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la verdad: la verdad es tu palabra. 18 Como Tú me enviaste a Mí al mundo, también Yo los he enviado a ellos al mundo. 19 Y por ellos me santifico Yo mismo, para que también ellos “sean santificados, en la verdad”.

RUEGA POR TODOS LOS QUE VAN A CREER EN ÉL. 20 “Mas no ruego sólo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mí, 21 a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste. 22 Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno: 23 Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí. 24 Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo. 25 Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y éstos han conocido que eres Tú el que me enviaste, 26 y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos”.

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IV. PASIÓN Y MUERTE DE JESÚS (Cap. 18 - Cap. 19)

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Biblia de Straubinger

JUAN 18

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Versículos:  01  |  06  |  11  |  16  |  21  |  26  |  31  |  36

JESÚS ES TOMADO PRESO. 1 Después de hablar así, se fue Jesús acompañado de sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con ellos. 2 Y Judas, el que lo entregaba, conocía bien este lugar, porque Jesús y sus discípulos se habían reunida allí frecuentemente. 3 Judas, pues, tomando a la guardia y a los satélites de los sumos sacerdotes y de los fariseos, llegó allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Entonces Jesús, sabiendo todo lo que le había de acontecer, se adelantó y les dijo: “¿A quién buscáis?” 5 Respondiéronle: “A Jesús el Nazareno”. Les dijo: “Soy Yo”. Judas, que lo entregaba, estaba allí con ellos. 6 No bien les hubo dicho: “Yo soy”, retrocedieron y cayeron en tierra. 7 De nuevo les preguntó: “¿A quién buscáis?” Dijeron: “A Jesús de Nazaret”. 8 Respondió Jesús: “Os he dicho que soy Yo. Por tanto si me buscáis a Mí, dejad ir a éstos”; 9 para que se cumpliese la palabra, que Él había dicho: “De los que me diste, no perdí ninguno”. 10 Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió a un siervo del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El nombre del siervo era Malco. 11 Mas Jesús dijo a Pedro: “Vuelve la espada a la vaina; ¿no he de beber el cáliz que me ha dado el Padre?”

JESÚS ANTE ANÁS Y CAIFÁS. NEGACIÓN DE PEDRO. 12 Entonces la guardia, el tribuno y los satélites de los judíos prendieron a Jesús y lo ataron. 13 Y lo condujeron primero a Anás, porque éste era el suegro de Caifás, el cual era Sumo Sacerdote en aquel año. [24 Pero Anás lo envió atado a Caifás, el Sumo Sacerdote]. 14 Caifás era aquel que había dado a los judíos el consejo: “Conviene que un solo hombre muera por el pueblo”.

15 Entretanto Simón Pedro seguía a Jesús como también otro discípulo. Este discípulo, por ser conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el palacio del Pontífice; 16 mas Pedro permanecía fuera, junto a la puerta Salió, pues, aquel otro discípulo, conocido del Sumo Sacerdote, habló a la portera, y trajo adentro a Pedro. 17 Entonces, la criada portera dijo a Pedro: “¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?” Él respondió: “No soy”. 18 Estaban allí de pie, calentándose, los criados y los satélites, que habían encendido un fuego, porque hacía frío. Pedro estaba también en pie con ellos y se calentaba.

19 El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos y sobre su enseñanza. 20 Jesús le respondió: “Yo he hablado al mundo públicamente; enseñé en las sinagogas y en el Templo, adonde concurren todos los judíos, y nada he hablado a escondidas. 21 ¿Por qué me interrogas a Mí? Pregunta a los que han oído, qué les he enseñado; ellos saben lo que Yo he dicho”. 22 A estas palabras, uno de los satélites, que se encontraba junto a Jesús, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes Tú al Sumo Sacerdote?” 23 Jesús le respondió: “Si he hablado mal, prueba en qué está el mal; pero si he hablado bien ¿por qué me golpeas?” 24 [Va después del 13]. 25 Entretanto Simón Pedro seguía allí calentándose, y le dijeron: “No eres tú también de sus discípulos?” Él lo negó y dijo: “No lo soy”. 26 Uno de los siervos del Sumo Sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dijo: “¿No te vi yo en el huerto con Él?” 27 Pedro lo negó otra vez, y en seguida cantó un gallo.

JESÚS ANTE PILATO. 28 Entonces condujeron a Jesús, de casa de Caifás, al pretorio: era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse, y poder comer la Pascua. 29 Vino, pues, Pilato a ellos, afuera, y les dijo: “¿Qué acusación traéis contra este hombre?” 30 Respondiéronle y dijeron: “Si no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado”. 31 Díjoles Pilato: “Entonces tomadlo y juzgadlo según vuestra Ley”. Los judíos le respondieron: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”; 32 para que se cumpliese la palabra por la cual Jesús significó de qué muerte había de morir.

33 Pilato entró, pues, de nuevo en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: “¿Eres Tú el Rey de los judíos?” 34 Jesús respondió: “¿Lo dices tú por ti mismo, o te lo han dicho otros de Mí?” 35 Pilato repuso: “¿Acaso soy judío yo? Es tu nación y los pontífices quienes te han entregado a Mí. ¿Qué has hecho?” 36 Replicó Jesús: “Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores combatirían a fin de que Yo no fuese entregado a los judíos. Mas ahora mi reino no es de aquí”. 37 Díjole, pues, Pilato: “¿Conque Tú eres rey?” Contesto Jesús: “Tú lo dices: Yo soy rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. 38 Pilato le dijo: “¿Qué cosa es verdad?”.

JESÚS Y BARRABÁS. Apenas dicho esto, salió otra vez afuera y les dijo a los judíos: “Yo no encuentro ningún cargo contra él. 39 Pero tenéis costumbre de que para Pascua os liberte a alguien. ¿Queréis, pues, que os deje libre al rey de los judíos?” 40 Y ellos gritaron de nuevo: “No a él, sino a Barrabás”. Barrabás era un ladrón.

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JUAN 19

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JESÚS AZOTADO Y CORONADO DE ESPINAS. 1 Entonces, pues, Pilato tomó a Jesús y lo hizo azotar. 2 Luego los soldados trenzaron una corona de espinas, que le pusieron sobre la cabeza, y lo vistieron con un manto de púrpura. 3 Y acercándose a Él, decían: “¡Salve, rey de los judíos!” y le daban bofetadas.

ECCE HOMO. 4 Pilato salió otra vez afuera, y les dijo: “Os lo traigo fuera, para que sepáis que yo no encuentro contra Él ningún cargo”. 5 Entonces Jesús salió fuera, con la corona de espinas y el manto de púrpura, y (Pilato) les dijo: “¡He aquí al hombre!” 6 Los sumos sacerdotes y los satélites, desde que lo vieron, se pusieron a gritar: “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato les dijo: “Tomadlo vosotros, y crucificadlo; porque yo no encuentro en Él ningún delito”. 7 Los judíos le respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esta Ley, debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios”. 8 Ante estas palabras, aumentó el temor de Pilato. 9 Volvió a entrar al pretorio, y preguntó a Jesús: “¿De dónde eres Tú?” Jesús no le dio respuesta. 10 Díjole, pues, Pilato: “¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo el poder de librarte y el poder de crucificarte?” 11 Jesús le respondió: “No tendrías sobre Mí ningún poder, si no te hubiera sido dado de lo alto; por esto quien me entregó a ti, tiene mayor pecado”.

LA CONDENACIÓN. 12 Desde entonces Pilato buscaba cómo dejarlo libre; pero los judíos se pusieron a gritar diciendo: “Si sueltas a éste, no eres amigo del César: todo el que se pretende rey, se opone al César”. 13 Pilato, al oír estas palabras, hizo salir a Jesús afuera; después se sentó en el tribunal en el lugar llamado Lithóstrotos, en hebreo Gábbatha. 14 Era la preparación de la Pascua, alrededor de la hora sexta. Y dijo a los judíos: “He aquí a vuestro Rey”. 15 Pero ellos se pusieron a gritar: “¡Muera! ¡Muera! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “¿A vuestro rey he de crucificar?” Respondieron los sumos sacerdotes: “¡Nosotros no tenemos otro rey que el César!” 16 Entonces se lo entregó para que fuese crucificado.

LA CRUCIFIXIÓN. Tomaron, pues, a Jesús; 17 y Él, llevándose su cruz, salió para el lugar llamado “El cráneo”, en hebreo Gólgotha, 18 donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno de cada lado, quedando Jesús en el medio. 19 Escribió también Pilato un título que puso sobre la cruz. Estaba escrito: “Jesús Nazareno, el rey de los judíos”. 20 Este título fue leído por muchos judíos, porque el lugar donde Jesús fue crucificado se encontraba próximo a la ciudad; y estaba redactado en hebreo, en latín y en griego. 21 Mas los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas “el rey de los judíos”, sino escribe que Él ha dicho: “Soy el rey de los judíos”. 22 Respondió Pilato: “Lo que escribí, escribí”.

23 Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, de los que hicieron cuatro partes, una para cada uno, y también la túnica. Esta túnica era sin costura, tejida de una sola pieza desde arriba. 24 Se dijeron, pues, unos a otros: “No la rasguemos, sino echemos suertes sobre ella para saber de quién será”; a fin de que se cumpliese la Escritura: “Se repartieron mis vestidos, y sobre mi túnica echaron suertes”. Y los soldados hicieron esto.

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ. 25 Junto a la cruz de Jesús estaba de pie su madre, y también la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 26 Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo que amaba, dijo a su madre: “Mujer, he ahí a tu hijo”. 27 Después dijo al discípulo: “He ahí a tu madre”. Y desde este momento el discípulo la recibió consigo.

MUERTE DE JESÚS. 28 Después de esto, Jesús, sabiendo que todo estaba acabado, para que tuviese cumplimiento la Escritura, dijo: “Tengo sed”. 29 Había allí un vaso lleno de vinagre. Empaparon pues, en vinagre una esponja, que ataron a un hisopo, y la aproximaron a su boca. 30 Cuando hubo tomado el vinagre, dijo: “Está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

LA LANZADA. 31 Como era la Preparación a la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz durante el sábado –porque era un día grande el de aquel sábado– los judíos pidieron a Pilato que se les quebrase las piernas, y los retirasen. 32 Vinieron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero, y luego del otro que había sido crucificado con Él. 33 Mas llegando a Jesús y viendo que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas; 34 pero uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua.

35 Y el que vio, ha dado testimonio –y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad– a fin de que vosotros también creáis. 36 Porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: “Ningún hueso le quebrantaréis”. 37 Y también otra Escritura dice: “Volverán los ojos hacia Aquel a quien traspasaron”.

SEPULTURA DE JESÚS. 38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero ocultamente, por miedo a los judíos, pidió a Pilato llevarse el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y se llevó el cuerpo. 39 Vino también Nicodemo, el que antes había ido a encontrarlo de noche; éste trajo una mixtura de mirra y áloe, como cien libras. 40 pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en fajas con las especies aromáticas, según la manera de sepultar de los judíos. 41 En el lugar donde lo crucificaron había un jardín, y en el jardín un sepulcro nuevo, donde todavía nadie había sido puesto. 42 Allí fue donde, por causa de la Preparación de los judíos, y por hallarse próximo este sepulcro, pusieron a Jesús.

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V. JESÚS VENCEDOR DE LA MUERTE (Cap. 20)

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JUAN 20

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APARICIÓN A LA MAGDALENA Y A LOS APÓSTOLES. 1 El primer día de la semana, de madrugada, siendo todavía oscuro, María Magdalena llegó al sepulcro; y vio quitada la losa sepulcral. 2 Corrió, entonces, a encontrar a Simón Pedro, y al otro discípulo a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto”. 3 Salió, pues, Pedro y también el otro discípulo, y se fueron al sepulcro. 4 Corrían ambos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 E, inclinándose, vio las fajas puestas allí, pero no entró. 6 Llegó luego Simón Pedro, que le seguía, entró en el sepulcro y vio las fajas puestas allí, 7 y el sudario, que había estado sobre su cabeza, puesto no con las fajas, sino en lugar aparte, enrollado. 8 Entonces, entró también el otro discípulo, que había llegado primero al sepulcro, y vio, y creyó. 9 Porque todavía no habían entendido la Escritura, de cómo Él debía resucitar de entre los muertos. 10 Y los discípulos se volvieron a casa.

11 Pero María se había quedado afuera, junto al sepulcro, y lloraba. Mientras lloraba, se inclinó al sepulcro, 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13 Ellos le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?” Díjoles: “Porque han quitado a mi Señor, y yo no sé dónde lo han puesto”. 14 Dicho esto se volvió y vio a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas” Ella, pensando que era el jardinero, le dijo: “Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré”. 16 Jesús le dijo: “Mariam”. Ella, volviéndose, dijo en hebreo: “Rabbuní”, es decir: “Maestro”. 17 Jesús le dijo: “No me toques más, porque no he subido todavía al Padre; pero ve a, encontrar a mis hermanos, y diles: voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. 18 María Magdalena fue, pues, a anunciar a los discípulos: “He visto al Señor”, y lo que Él le había dicho.

19 A la tarde de ese mismo día, el primero de la semana, y estando, por miedo a los judíos, cerradas las puertas (de) donde se encontraban los discípulos, vino Jesús y, de pie en medio de ellos, les dijo: ¡Paz a vosotros!” 20 Diciendo esto, les mostró sus manos y su costado; y los discípulos se llenaron de gozo, viendo al Señor. 21 De nuevo les dijo: ¡Paz a vosotros! Como mi Padre me envió, así Yo os envío”. 22 Y dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo: 23 a quienes perdonareis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos”.

INCREDULIDAD DE TOMÁS. 24 Ahora bien Tomás, llamado Dídimo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Por tanto le dijeron los otros: “Hemos visto al Señor”. Él les dijo: “Si yo no veo en sus manos las marcas de los clavos, y no meto mi dedo en el lugar de los clavos, y no pongo mi mano en su costado, de ninguna manera creeré”. 26 Ocho días después, estaban nuevamente adentro sus discípulos, y Tomás con ellos. Vino Jesús, cerradas las puertas, y, de pie en medio de ellos, dijo: “¡Paz a vosotros!” 27 Luego dijo a Tomás: “Trae acá tu dedo, mira mis manos, alarga tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente”. 28 Tomás respondió y le dijo: “¡Señor mío y Dios mío!” 29 Jesús le dijo: “Porque me has visto, has creído; dichosos los que han creído sin haber visto”.

30 Otros muchos milagros obró Jesús, a la vista de sus discípulos, que no se encuentran escritos en este libro. 31 Pero éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre

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APÉNDICE (Cap. 21)

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JUAN 21

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APARICIÓN JUNTO AL MAR DE TIBERÍADES. 1 Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos a la orilla del mar de Tiberíades. He aquí cómo: 2 Simón Pedro, Tomás, llamado Dídimo; Natanael, el de Caná de Galilea; los hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos, se encontraban juntos. 3 Simón Pedro les dijo: “Yo me voy a pescar”. Le dijeron: “Vamos nosotros también contigo”. Partieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 4 Cuando ya venía la mañana, Jesús estaba sobre la ribera, pero los discípulos no sabían que era Jesús. 5 Jesús les dijo: “Muchachos, ¿tenéis algo para comer?” Le respondieron: “No”. 6 Díjoles entonces: “Echad la red al lado derecho de la barca, y encontraréis”. La echaron, y ya no podían arrastrarla por la multitud de los peces. 7 Entonces el discípulo, a quien Jesús amaba, dijo a Pedro: “¡Es el Señor!” Oyendo que era el Señor, Simón Pedro se ciñó la túnica –porque estaba desnudo– y se echó al mar. 8 Los otros discípulos vinieron en la barca, tirando de la red (llena) de peces, pues estaban sólo como a unos doscientos codos de la orilla. 9 Al bajar a tierra, vieron brasas puestas, y un pescado encima, y pan. 10 Jesús les dijo: “Traed de los peces que acabáis de pescar”. 11 Entonces Simón Pedro subió (a la barca) y sacó a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres grandes peces; y a pesar de ser tantos, la red no se rompió. 12 Díjoles Jesús: “Venid, almorzad”. Y ninguno de los discípulos osaba preguntarle: “¿Tú quién eres?” sabiendo que era el Señor. 13 Aproximóse Jesús y tomando el pan les dio, y lo mismo del pescado. 14 Esta fue la tercera vez que Jesús, resucitado de entre los muertos, se manifestó a sus discípulos.

EL PRIMADO DE PEDRO. 15 Habiendo, pues, almorzado, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas tú más que éstos?” Le respondió: “Sí, Señor, Tú sabes que yo te quiero”. Él le dijo: “Apacienta mis corderos”. 16 Le volvió a decir por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Le respondió: “Sí, Señor, Tú sabes que te quiero”. Le dijo: “Pastorea mis ovejas”. 17 Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Se entristeció Pedro de que por tercera vez le preguntase: “¿Me quieres?”, y le dijo: “Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que yo te quiero”. Díjole Jesús: “Apacienta mis ovejas”.

SOBRE PEDRO Y JUAN. 18 “En verdad, en verdad, te digo, cuando eras más joven, te ponías a ti mismo el ceñidor, e ibas adonde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás los brazos, y otro te pondrá el ceñidor, y te llevará adonde no quieres”. 19 Dijo esto para indicar con qué muerte él había de glorificar a Dios. Y habiéndole hablado así, le dijo: “Sígueme”. 20 Volviéndose Pedro, vio que los seguía el discípulo al cual Jesús amaba, el que, durante la cena, reclinado sobre su pecho, le había preguntado: “Señor ¿quién es el que te ha de entregar?” 21 Pedro, pus, viéndolo, dijo a Jesús: “Señor: ¿y éste, qué?” 22 Jesús le respondió: “Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti? Tú sígueme”. 23 Y así se propagó entre los hermanos el rumor de que este discípulo no ha de morir. Sin embargo, Jesús no le había dicho que él no debía morir, sino: “Si me place que él se quede hasta mi vuelta, ¿qué te importa a ti?”

24 Éste es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.

25 Jesús hizo también muchas otras cosas: si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir.

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Evangelio según:  San Mateo  |  San Marcos  |  San Lucas  |  San Juan

                        

(*) La Sagrada Biblia. Texto del Antiguo y Nuevo Testamento. Versión directa de los textos primitivos y de la traducción de la Vulgata Latina al Español.

Por Monseñor Juan Straubinger, Dr. Honoris Causa de la Universidad de Münster (Alemania), profesor de la Sagrada Escritura en el Seminario Mayor San José de la Archidiócesis de La Plata (Argentina).

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Última revisión de este documento: 29 de Junio de 2022

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